Cuatro días a bordo de la escuela del mar

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

V. M.

Reportaje | Aquarium Galicia convierte su velero «Nauja» en un aula flotante que surca la ría de Arousa a disposición de los escolares gallegos HISTORIA DE UN VETERANO BARCO, RECUPERADO PARA LA NAVEGACIÓN Lanzar una nasa, desplegar el velamen, descubrir las propiedades del fitoplacton o avistar un grupo de arroaces en plena caza. El acuario de O Grove y la Xunta lo hacen posible en un tiempo récord

11 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

? Saviñao es un pequeño municipio del interior de Galicia, a medio camino entre Chantada y Monforte. Normalmente, los chavales que estudian en el colegio de Escairón, su principal núcleo, apenas tienen mayor contacto con el mar que algún ocasional veraneo en una playa más o menos interesante. Gracias a Aquarium Galicia, un puñado de alumnos de tercer curso de ESO rompieron esta semana cualquier incercia de este tipo a través de una lección redonda sobre el mar y todo lo que la vida en el mar y por el mar significa. No lo hicieron entre cuatro paredes, sino en un lugar donde los conceptos tienen color, olor y se pueden tocar con los dedos: a bordo de un velero que surca la ría de Arousa. A lo largo de ocho semanas, el acuario de O Grove ha desarrollado un programa pionero en colaboración con la Xunta. La idea es tan sencilla como brillante: convertir un barco en una auténtica aula, en la que los chavales puedan echarle mano a todo lo imaginable sin cortapisas. Durante cuatro días -ayer fue el turno del colegio de Escairón y del centro Andersen, de Vigo- los escolares se alojan en el albergue de As Sinas. En grupos de doce, los jóvenes grumetes van recibiendo su bautismo de mar a bordo del Nauja , un velero de dos palos que el Aquarium Galicia ha adquirido y restaurado. Nociones sobre navegación La gama de actividades abarca prácticamente todos los palos de la baraja marítima. La tripulación, formada por Roi (patrón de motor), Juan (patrón de vela) y Carlos (marinero) se combina con tres monitores (Silvia, Álex y Cristina) para alternar las explicaciones teóricas con la práctica pura y dura. Primero, conocimientos fundamentales para cabalgar las olas sin naufragar: mientras el barco abandona el muelle de O Xufre, los aprendices de marino estudian las clases de velas que hacen posible que el Nauja navegue, siempre con permiso de un potente motor, por si las moscas o si el viento no es suficiente. Si alguien se duerme, no hay mejor despertador que aferrar un cabo y colaborar en el despliegue del velamen. Poco a poco, los viajeros se familiarizan con las cartas náuticas y con términos como babor, estribor o jarcia, con los sistemas de orientación y seguridad que garantizan un periplo con final feliz. La vida bajo las aguas Los chavales van haciendo y deshaciendo, con más o menos acierto. Pero si hay algo que no falla y siempre interesa es la observación directa de formas de vida con las que su contacto más cercano ha tenido lugar, con suerte, en un acuario, cuando no en documentales televisivos de virtudes sedantes, normalmente a la hora de la siesta. La irrupción de una manada de arroaces -delfines mulares- frente a Vilaxoán concentra toda la atención que hace unos instantes se dispersaba entre las olas, el cielo, y las explicaciones. Tan importante como los golfiños que brincan sobre la superficie, seguramente mucho más, es la vida que no se aprecia a simple vista. También en el campo de lo microscópico hay tiempo para una clase. Los navegantes toman muestras del agua y analizan su composición con lupas de buenos aumentos. De esta manera, se enfrentan por primera vez a las extrañas formas del fitoplacton, la base de la pirámide trófica en el mar. Poco después, recogen las nasas que habían largado horas antes para descubrir que es posible capturar cangrejos y pequeños moluscos, además de admirar el trabajo de los mejilloneros. Memoria del chapapote La acuicultura da pie a una última pero esencial lección: todo habría muerto si, hace apenas unos meses, el fuel del Prestige hubiese penetrado en Arousa. Las islas, los vientos, las corrientes y el trabajo a destajo de las gentes del mar lo impidieron. La belleza, la riqueza de una ría, de una costa, no son simples regalos; hay que defenderlas cada día.