Hasta el único vecino que daba voces salió del mitin cargado de propaganda socialista. «Gostaríame que o meu fillo se parecese a ti», le espetó Quintela a Gago
19 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?esde el principio quedó claro que la torcida estaba entregada a la candidatura socialista. Normal. El centro sociocultural de A Torre no es ninguna tontería. Nada de teleclubs con aire de ladrillo recebado. Aquí hay de todo, incluido un pabellón que convierte al lugar en el segundo complejo deportivo del municipio, por detrás de Fontecarmoa. Baste decir que en su planta superior sobreviven los sillones del añorado cine Fantasio, demolido en aras de un progreso tal vez discutible pero indudablemente potente. Gago, en fin, jugaba en casa, y así las cosas no pueden salir mal. No lo hicieron. Con un ambiente plácio, propio de una reunión de viejos amigos -un buen número de los integrantes de la lista arroparon a su jefe de filas- tomó la palabra el primer alfil de la noche, a la sazón Alejandro Quintela. El concejal de Tráfico se batió el cobre para situar el tema donde interesaba: «O único do que fala a oposición é de quitarnos a maioría, non de gobernar». Una vez asentada esta base, el discurso subió en intensidad hasta alcanzar un momento culminante e irrepetible: «Eu sei que nón é chulo, nin prepotente, nin maleducado... A min me gostaría que o meu fillo se parecese a ti, porque es boa persoa», espetó un emocionado Quintela al alcalde, para regocijo del nutrido respetable. Sólo un tipo ponía mala cara, se removía en el asiento y gesticulaba con la cabeza en sentido negativo. De vez en cuando, daba el paisano voces altisonantes. La más de las ocasiones, su estado, bien por lo emotivo, bien por aquello del alpiste, impedía que el resto de los mortales comprendiesen lo que decía. «É o que fan dúas chiquitas», desveló más tarde uno de los candidatos, «pero tamén é dos nosos». Efectivamente, el hombre daba amplias explicaciones a Quintela y a Araújo, estrechaba manos y, ya finalizado el mitin, dejó el centro de A Torre cargado de merchandising sociata. Poco antes, Gago finalizaba una arenga cuidada y eficaz. El alcalde, no hay duda, conoce el oficio. Consciente de los dos raseros con los que se mide esta campaña, el regidor recordó con coña a sus contrincantes que «de lo que se trata ahora es de Vilagarcía». Pero, como Aznar y el PP parecen empeñados en hacer de las municipales un plebiscito, dijo Gago, también cayó su fusta de este lado: «No se puede convertir un accidente en una catástrofe e intentar silenciar la conciencia de todo un país con lluvias de millones, ni meternos en una guerra terrible, ilegal e injusta». Claro. Desde el principio.