Fernando Ónega fue el encargado ayer de ensalzar las excelencias de los «frutos del mar» con un pregón en el que no faltaron alusiones al chapapote y a la política
01 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.«Una opción era iros de puente, pero el hecho de que hayáis preferido la Feira del Marisco indica lo inteligentes que sois». Así saludaba ayer el periodista Fernando Ónega al público que se congregaba en el recinto de Alcobendas para disfrutar de la segunda jornada de degustación. Entre la noche del miércoles y la sobremesa de ayer se habían consumido un total 15.600 raciones y el pulpo y el arroz fueron, como ocurre cada año en O Grove, los platos favoritos. Pero no los únicos. El menú se completa con cigalas, centollos, almejas, berberechos, vieiras, ostras, zamburiñas, mejillones, percebes y otros manjares llegados desde la villa meca. Como no podía ser menos, Ónega se convirtió en el más ferviente defensor del marisco gallego. Pero también ilustró al auditorio sobre sus «componentes del pecado» y de por qué el sexto mandamiento «prohibe la carne pero no los frutos del mar». E hizo «un poco de divulgación cultural» sobre cómo los romanos y Cervantes hablaban de lo que «hoy se considera comida de ricos -y por lo tanto debería ser una comida de derechas- pero que no siempre ha sido así». El periodista no se olvidó del Prestige y aprovechó la ocasión para rendir homenaje a los que lucharon contra el fuel. «Hoy tenemos la sensación de que estamos asistiendo a un renacimiento». Sólo cabe pedir que dure.