TRIBUNA PÚBLICA | O |
15 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.MIRAR hacia atrás da vértigo. Presupuesto y equipos lo marcan. De La Salle o COB Ourense al Barcelona, Real Madrid o Zalgiris Kaunas. Son 30.000 euros de diferencia entre 1997 y el actual Vilagarcía Basket Cup 2003. Sin embargo, hay mucho paralelismo entre uno y otro. El torneo absorbe. La reunión se improvisa en casa, en un café, en una salida nocturna de copas o, simplemente, en tu propia mente cuando cabila sobre cómo mejorar lo pasado. Sabemos donde empezó, donde está y hacia donde quiere ir.El torneo establece unas pautas, bueno unas cenas. La del Día Después . Cuarenta comensales. Pili al mando. Adultos que traen la comida, madres que preparan tortillas y el resto, a disfrutar en casa Benjamín-Socorro . Es el momento de mayor goce. Salen millones de imágenes en las caras de esa gente involucrada. No hay otra recompensa. Luego, el Tercer Tiempo . Planificar sobre servilletas de papel. Las ideas nos las acerca el dios Baco. A algunos. A otros, la soledad del trabajo nocturno, la carrera en solitario o la esquizofrenia de un trabajo estresante.Esas cenas escupen todas las anécdotas. Equipos durmiendo en casas particulares, hoteles que tardas no se sabe cuánto tiempo en pagar. En fin, el vivir cotidiano. Coches a la carrera a A Lanzada, al aeropuerto. Móviles que no dejan de sonar, equipos que te dejan colgado a falta de diez días. El peor sueño, esa dichosa canasta rota que no me deja ver en paz el concurso de mates. Rezo y rezo mucho, por si acaso. La comida ha sido el nexo que ha unido el torneo. Padres metidos a cocineros, camareros, taxistas, reposteros, utilleros, cobradores o sableadores de amigos en empresas amigas. Ver comer a un 2.20 m. en sillas de comedor de parvulario era como una peli de dibujos animados.Un aplauso: la cena de despedida con los equipos. La piel de gallina te da ganas de volver a intentarlo. El reconocimiento: hacer la foto del pabellón lleno. Y por qué no, las caras de Benja, Alberto, Andrés, Adri, Vito, Fran, Pili y así hasta más de cuarenta kamikazes que lo han dado todo de sí. Porque lo que reluce es bonito, tal vez muy bonito. Tras el telón hay infinitas batallas, ganadas y perdidas, pero que a mí me han hecho madurar de otra forma. Larga vida al Vilagarcía Basket Cup.