La sombra del «Prestige» sobre Sálvora

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Los técnicos creen que la isla que cierra la ría de Arousa ha sufrido menos que los archipiélagos de Ons y Cíes, aunque serán necesarios varios meses para estimar correctamente los daños

19 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El trece se ha desvelado como un número fundamental en la historia más reciente de las Rías Baixas. El de las Illas Atlánticas es el primer parque nacional que nace en Galicia, pero el decimotercero que alumbra España. Su suerte se torció cuando apenas estaba en pañales, un 13 de noviembre, el día en que el Prestige comenzó a agonizar. El desconcierto, la falta de previsión y el peor periplo posible en busca de un naufragio en alta mar hicieron que los archipiélagos de Cíes, Ons y Sálvora se tiñesen de negro junto a la Costa da Morte. Sólo Cortegada, enclavada en el fondo de la ría, se mantiene intacta. Al menos, hasta que la cuarta marea negra despliegue sus dedos hacia la castigada costa gallega. El viento del sur parece haber alejado ya definitivamente la tercera del mar de Arousa. Así las cosas, Sálvora comienza a despertar de la primera pesadilla del Prestige . El trabajo de limpieza avanza de la mano del organismo Parques Nacionales, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente. Hasta hace un par de días, Illas Atlánticas ni siquiera se incluía en su página web . Sin embargo, técnicos de los otros doce espacios protegidos trabajaban ya en la isla que cierra la ría de Arousa. El director adjunto de Sierra Nevada, José Pino se encarga de la coordinación de la recogida de fuel hasta el próximo lunes, cuando su equipo será relevado. El balance inicial sobre el estado de la isla guarda luces y sombras. Entre las primeras se encuentra la situación de las playas. El litoral más afectado por el baño de fuel se encuentra al norte y al oeste de Sálvora. La principal carga de chapapote se ha retirado ya, aunque todavía no ha sido trasladada al continente. Alrededor de cien toneladas de espeso fuel permanecen todavía en la boca del mar de Arousa, esperando desde los contenedores a que el mar mejore. Un camión aguarda en el puerto de O Grove que las condiciones meteorológica sean también benevolentes. Desde hace dos días, Tragsa intenta sin éxito trasladar el vehículo a Sálvora en el catamarán Serén. Será este aparato el que recorra la isla para volver a embarcar, repleto ya de la negra muerte del Prestige , con destino a tierra. Entretanto, continúan las tareas de limpieza. Sin polémicas, a diferencia de lo que sucede en buena parte del litoral gallego. Aquí las cosas parecen estar claras. Si bien su número va reduciéndose con el paso de los días, voluntarios, militares y personal contratado por Tragsa colaboran en la retirada de los residuos. Pero la dirección corresponde únicamente a Parques Nacionales. No hay lugar a la discusión. «No sé cuál es la situación exacta en la costa, pero aquí coordinamos la jornada de trabajo el día anterior por la noche, con los capataces, y no hay mayor problema; las decisiones son de Parques Nacionales», explica Pino mientras avanza hacia el faro. Las playas están prácticamente limpias de fuel. Esta es la buena noticia. El reverso se encuentra en la parte más escabrosa del litoral de Sálvora. Las rocas que dibuja la costa y pule el mar son ahora una gran mancha de fuel, que se adhiere a ellas con intención de quedarse durante muchos meses. «Es lo más complicado, aquí habrá que probar sistemas para arrancar el chapapote, porque, aunque quizás sea más fácil dentro de un tiempo, al hacerse más compacto, es prácticamente imposible retirarlo a mano». La recuperación de la isla apenas acaba de empezar, con la amenaza permanente de que una nueva oleada de hidrocarburo se lleve por delante todo el trabajo realizado. En cualquier caso, la primera impresión de los técnicos es que Sálvora ha sufrido menos que Ons o Cíes, cercadas por auténticas mareas de chapapote durante días. No obstante, el cálculo de los daños va para largo. Levantamientos topográficos e inspecciones submarinas serán imprescindibles para conocer el verdadero estado del parque número trece.