Los muelles de la comarca se llenaron ayer de gente dispuesta a colaborar en las tareas de limpieza del fuel. Nadie pudo quedarse quieto viendo cómo el petróleo podía invadir la ría
04 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Una ría poblada como nunca de embarcaciones. Y unos muelles poblados como nunca de gente. Gente dispuesta a colaborar, dispuesta a dejarse la piel para defender su ría. Una marea de voluntarios que inundó ayer los puertos de A Illa, O Grove, Cambados y Vilanova. Trabajaron de manera frenética durante todo el día, pero nadie notó el cansancio. Los que no pudieron salir al mar a limpiar chapapote, se quedaron en tierra preparando aperos, contenedores, ropas de agua y asistiendo a los que llegaban del campo de trabajo. En A Illa, nadie se quedó quieto. Como siempre. «Este pobo é increíble», se oía ayer. Y en verdad que lo es. Cientos de isleños, apoyados por los alumnos del Igafa, trabajaron durante todo el día en el muelle. No hizo falta coordinación: la gente de A Illa se organiza sola. Un grupo de mujeres limpiaba con arena los útiles que llegaban del mar, impregnados de chapapote. Unas friegas y dispuestos de nuevo para su uso. Quizás eran las mismas que pasaron buena parte de la noche confeccionado aperos de trabajo. Otras desplazaban los contenedores hacia los barcos bateeiros. Había quien se dedicaba a asistir a las planeadoras que llegaban de la bocana. Un poco de arena para el fondo de la embarcación, ropas nuevas y limpieza de cara para los tripulantes, bocadillos y un poco de leche para nuestros esforzados limpiadores de chapapote. Nadie estaba quieto ni nadie estorbaba. En pocos minutos, embarcación lista para zarpar. Al fondo del muelle llegaban los bateeiros para descargar el fuel y volver a cargar contenedores. Otra vez al mar a seguir salvando la ría. Grúas, andamios, rastrillos para volcar los contenedores. Ningún problema sin resolver. Avalancha de camiones Camiones de contenedores llegaban al muelle. En pocos minutos, barcos cargados y contenedores agotados. Durante toda la mañana fueron llegando vehículos. Recipientes, trajes de aguas, contenedores de obra para verter el fuel. El plástico para cubrir el fondo de las embarcaciones pronto se agotó. Pero ni siquiera importaba mucho. Una empresa de decoración suministró telas gruesas. Problema resuelto. Cada embarcación que llegaba del frente tenía que ofrecer el parte de novedades. «¿Que? ¿Como están as cousas por alá?». «Mal. Parece que chegou xa ás bateas de Meloxo». «Si, pero hai tres barcos dos chupóns traballando e é increíble a de barcos que andan recollendo fuel. Eles solos fan unha barreira». Más tarde, llegaron mejores noticias: «Parece que o vento está cambiando. Se segue soplando así, poida que o bote fóra da ría». En A Illa también hay gente de Vilanova trabajando. Se quejan de que en su puerto no tienen medios ni ningún tipo de organización. Quieren colaborar, pero no se les pone fácil. Y algunos deciden no quedarse quietos y trasladarse a donde puedan colaborar. El municipio vecino es la mejor opción. También llegan a O Xufre barcos de Vilanova para descargar el chapapote. Mareos Muchos de los que vienen de la bocana llegan desfallecidos y mareados. Sobre todo mareados. Muchas horas respirando fuel, muchas horas con la cabeza bajada. Un cartón de leche y un bocadillo les espera en el muelle. También hay médicos voluntarios en O Xufre. Durante la tarde, incluso una ambulancia por si hiciese falta trasladar a algún indispuesto. Pero nadie quiere recurrir a ellos. Quizás haya que dejar de trabajar y todos los esfuerzos son necesarios. Un reparador paseo por el muelle es toda su medicina. Mientras esperan la salida, algunos deciden tomar un reparador café en los bares del puerto. Los locales se convierten en un hervidero en el que se comentan las últimas incidencias. Se atiende también a las últimas noticias del televisor. Sale A Illa. Un reportaje sobre la actividad en el muelle de O Xufre. Agrada, pero mejor no haberlo visto nunca. Sin tiempo para lamentos Entre tanta actividad frenética no hay tiempo para lamentos ni para venirse abajo. Pero nadie deja de pensar que algún día ocurrirá. Cuando la urgencia cese quién sabe cómo reaccionarán aquéllos que se han convertido, de repente, en los héroes de esta ría. Los barcos se han tintado de color negro y las aguas del embarcadero son ya marrones. El petróleo lo inunda todo, el suelo, las barandillas, incluso a los perros que vagabundean por el puerto. A Illa, ese lugar que siempre huele a mar, huele ahora a fuel, al maldito fuel que ha derramado el «Prestige».