El botín del estraperlo

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA

AROUSA

MARTINA MISER

Los negocios inmobiliarios son la principal inversión de los traficantes. Todos ellos gustan de levantar lujosas mansiones en la tierra que los vio nacer, al lado de humildes casas de obreros o pescadores

26 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A la Justicia no le queda más remedio que marcar distancias frente a los infractores. Por eso se ve obligada a aplicar el refrán de la mujer del César, que no sólo tiene que ser honrada sino también parecerlo. Así es que en muchas ocasiones la opinión pública no pueda entender que lo que todo el mundo sabe, y además es evidente, duerma el sueño de los justos en montañas de papeles archivados en los despachos de los jueces. La persecución de los delitos relacionados con el contrabando y el narcotráfico se encuentra muchas veces en esa tesitura. Que las fuerzas del orden persigan a los infractores suena a perogrullo, pero cazarlos in fraganti es otra cuestión. Y en más de un sumario se pudo comprobar que diligencias llevadas a la ligera sucumbieron ante la rigidez de la balanza de la Justicia. En Arousa todavía resuenan los ecos de la impotencia que dejó tras sí la sentencia de la Nécora. Escuchas declaradas ilegales, testaferros, premios de lotería, entramados financieros que se muerden la cola, abogados que se saben todos los resquicios del sistema para dar el jaque mate ... Interminables procesos que pocas veces dan el fruto esperado impiden perseguir con diligencia una lacra que se ha enquistado en la ría. Beneficios Los que viven al margen de la ley no escogen la hora de la ronda policial para delinquir. Por eso desde muchos frentes se apuesta por investigar no el delito en sí sino su beneficio. Es decir, sus fortunas. Partiendo del hecho evidente de que cada contribuyente tiene la obligación de declarar sus ganancias, a ver cómo quienes no tienen otro oficio conocido que la pesca o ser propietario de un simple establecimiento de alquiler de vídeos pueden amasar tamañas cantidades de dinero. Con estas premisas, el más claro indicio de la riqueza de quienes en la ría empezaron con el winston de batea, ya sea para jubilarse en el negocio o para pasarse al de la droga, son sus mansiones. Las empresas especializadas en el negocio inmobiliario parecen descubrir ahora que la vivienda es un valor mucho más seguro que la Bolsa. Laureano Oubiña o Manuel Charlín lo saben desde hace muchos años, porque en ello invirtieron sus primeros millones. Luego vinieron los coches deportivos, las plantaciones de albariño, las conserveras, o la compra de lotería premiada. Pero lo primero fue siempre hacerse con un hogar en condiciones y por supuesto, marcando distancias con los vecinos. Ostentación Los Oubiña, los Charlín, Sito Miñanco y otros nombres que son ya leyenda podrían permitirse el lujo de vivir en cualquier parte del mundo, en Mónaco si así lo hubiesen querido. Pero ellos prefirieron siempre quedar en casa y comprar los pazos con los que seguramente soñaron de pequeños. Y así surgieron como setas torreones que no llevaban otro escudo en sus paredes que el de la marca del tabaco primero, y más tarde, otro tipo de blasones con los que sus vecinos no fueron ya tan benevolentes, viendo el efecto que tales mercancías provocaban en sus hijos. Fue tan atrevida la ostentación que las primeras investigaciones judiciales cayeron de picado sobre este tipo de construcciones: el pazo de Baión pertenece hoy a la Audiencia Nacional y no a Laureano Oubiña; el pazo de Vista Real figura en la larga lista del basto patrimonio investigado al clan de los Charlines y el pazo de Lantañón fue embargado a Ferrazo en 1998. Pero el que tuvo, retuvo, y no siendo el dinero un problema, los personajes de la ría que se saben investigados por sus presuntas relaciones con el estraperlo no renuncian al confort aunque tengan que prescindir de la ostentación. Los pazos han sido sustituidos por modernas construcciones de piedra con piscinas, canchas de tenis, lujosos salones y cámaras simuladas en todas las esquinas para que las visitas no los pillen desprevenidos. Y como siguen pegados al terruño, levantan sus mansiones en las fincas de los parientes, al lado de las casas humildes de obreros y pescadores.