Como un barco fantasma, el Sarah Jane permaneció oxidándose en las aguas vilagarcianas durante cuatro largos años. Desde entonces formó parte de la imagen portuaria a la espera de que alguien lo rescatase y lo pusiese a navegar. Ha tenido que esperar todo este tiempo para recuperar ahora la función para la que fue construído. Y lo hará en los astilleros de Domallo. La buena acción se atribuye a unos empresarios de la zona que se han empeñado en reparlo y restaurarlo para utilizarlo de nuevo como barco de pesca. Así que ya no ocupará su puesto de vigía en el puerto de Vilagarcía. A no ser que en un futuro recale aquí de nuevo, pero no para quedarse. El caso es que en el pasaporte del Sarah Jane está impreso el cuño de muchos lugares del mundo, todo un mestizaje de procedencias. El buque, de origen ghanés y armador irlandés, salió en 1998 de Costa de Marfil con destino a Ribeira, aguas que nunca llegó a alcanzar. A la altura de Mauritaria sufrió una avería y tuvo que ser reparado en Las Palmas. Más tarde fue dirigido a Vilagarcía. Y ahí se quedó. El estado lamentable del buque, los certificados caducados y dos embargos sobre su propiedad hicieron prisionero al Sarah Jane. Por fortuna los diez marineros que componían la tripulación pudieron regresar a sus casas en avión. El atún que transportaba también fue descargado, aunque no sin problemas. Hasta el armador se fue cuando se le acabó el dinero. Vacía y anclada se quedó la nave retenida por Capitanía Marítima. Dos cosas le esperaban, o el desgüace o volver a funcionar.