La II Xuntanza de Embarcacións Tradicionais reunió a medio centenar de barcos. Las tripulaciones navegarons y se montaron su propia fiesta durante tres días
19 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Barcos para todos los gustos Hacía muchos años que el viejo muelle de Cambados no presentaba una estampa como la que se pudo ver durante este fin de semana. El poliester y los motores dejaron paso a la madera y las velas de las dornas mecas, carreiranas, xeiteiras, polbeiras, lanchas, galeones, bucetas, gamelas, coruxeiras y hasta una maçeira llegada desde la ciudad portuguesa de Viana de Castelo. Todo ello fue posible gracias a la celebración de la II Xuntaza de Embarcacións Tradicionais organizada por el Clube Mariño Salnés. Desde Viana a Ribeira Se desplazaron barcos y patrones de los puertos de Combarro, Portonovo, O Grove, Ribeira, Vilanova, Cangas, Bueu y A Illa de Arousa. La Escola de Vela de A Illa hizo pleno y estuvo al pie del cañón desde el viernes hasta el domingo. Y, por supuesto, los anfitriones, que aprovecharon la ocasión para darle el bautismo de mar a su nueva dorna, A Muller de Balboas. Tras la comida, la regata Después de la jornada de navegación libre del viernes le tocaba el turno a la competición. La III Regata do Albariño batió récords con una treintena de participantes y tuvo un final de los de foto finish. Fuxe de O Grove y Liviana de Cangas pasaron las boyas de meta proa con proa, pero finalmente fueron los grovenses Manuel y Eduardo Parada los que se llevaron el gato al agua. La falta de viento obligó a aplazar la prueba hasta la tarde pero en un encuentro de dorneiros los horarios no suelen ser un problema. Se atracan las embarcaciones y, mientras dure la calma chicha, se monta la fiesta. En esta ocasión, la comitiva puso rumbo al Galo Negro para dar buena cuenta de la empanada, los mejillones y los callos. ...y a remo El remo también tuvo su protagonismo con una regata celebrada el domingo por la mañana desafiando a las nubes. Larri y Sancho, a bordo de la Arola, ganaron cómodamente seguidos de los cambadeses Ara y Óscar, que dieron la talla. La juerga continuó, como no, con una buena comida y la música de pandereta.