Natural de Vilanova, enseña castellano en una de las universidades de Bisquek, la capital Se llama Ramón Martínez Paz, pero aquí en Kirzygstán, a miles de kilómetros y culturas de su Vilanova natal, todo el mundo le llama Moncho. Tiene 28 años y desde hace tres trabaja para la Agencia Española de Cooperación Internacional enseñando castellano en una de las universidades de Bisquek, la capital de esta ex república soviética de 4 millones y medio de habitantes encajonada entre Tayikistán, Kazajstán, Uzbekistán y China. Hasta que llegó el contingente que apoya el despliegue militar en Afganistán, Moncho era el único español en el país. «Me dieron a elegir entre Rusia, Kazajstán y Kirzygstán. Y aquí estoy. Ha sido toda una experiencia», dice mientras confiesa sus ganas de regresar a Galicia para ver a su familia y «no parar de comer».
20 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.En la televisión del restaurante en el que quedamos con Moncho suena Ricky Martin. «Por eso los chicos aquí quieren estudiar español. Lo ven en la MTV, que es gratis. Luego voy yo con mis letras de Sabina para estudiar y me dicen, no Moncho, eso no. Me dicen que si quiero ya traen ellos las cintas», cuenta. Moncho tiene este año sólo 15 alumnos, pero en todo el país hay más de 200 estudiantes de español. ¿Y del gallego no les hablas?, le preguntamos. «Mira, precisamente esta semana les he mandado hacer un trabajo sobre los distintos idiomas de España y son tan pelotas que todos me lo han hecho del gallego». Cuando llegó Moncho sólo sabía hablar francés. Ahora pide cordero en un ruso con acento gallego que destila nostalgia. «Vuelvo en cuanto puedo», dice. Moncho nos pasea por la noche de la capital de la más pobre de las ex-repúblicas soviéticas. Bisquek tiene vidilla nocturna a fuerza del dinero de los extranjeros. Acabamos en un antiguo teatro de marionetas reconvertido en una especie de Hard Rock Café. ¿Saben lo que suena en los altavoces? Esa que dice: «Me gusta La Coruña, me gustas tú».