REDACCIÓN VILAGARCÍA Ni corto ni perezoso, Xosé Cuiña se trasladó desde Castrelos a las obras de reforma de la carretera de O Pousadoiro en su mismo inicio: Sequelos, en Caldas de Reis. Allí, el conselleiro hizo gala de su conocido don de gentes. Cuiña no dudó en sumergirse en un grupo de vecinos que aguardaban expectantes para plantearle una serie de reclamaciones. Pero Cuiña se mueve como pez en el agua en tales ocasiones. El presidente de la asociación de vecinos no llegó a finalizar su intervención, centrada en un galpón al que afectan las obras. «Son unha persoa directa», exclamó el mandatario para espetar una inesperada oferta a la propietaria de la edificación: «Dígame canto quere polo galpón, que xa llo merco agora mesmo en nome da Xunta». Desconcertada, la interpelada no pudo hacer más que solicitar tiempo para calcular el precio de la estructura. La cosa no acabó ahí. Cuiña estaba en su elemento y lo demostró. Seguido de una comitiva de alcaldes y representantes institucionales, el conselleiro se dirigió al galpón en cuestión. Una simple mirada le sirvió para centrar el debate. «Aquí hai dúas opcións: ou negociar -que é a que eu prefiro- ou expropiar», argumentó. Por si restaba alguna duda, Cuiña explicó que la edificación «está fóra da alineación da vivenda». Claro y conciso. Tanto como al aceptar la petición de los vecinos de Sequeiros sobre la reducción del nivel del firme de la carretera, para evitar perjuicios a sus viviendas.