«Caían árboles por todos lados»

El cabo de Protección Civil Mario Antuña fue uno de los profesionales que aquel 23 de enero del 2009 atendió en A Mariña cientos de incidencias del ciclón Klaus. La pérdida mayor fue la del sargento y amigo Lorenzo Martín


viveiro / la voz

Han transcurrido casi diez años y no es fácil olvidar los daños del Klaus en Galicia. A Mariña, junto con Ortegal, fueron de las comarcas gallegas más castigadas por el paso de aquel ciclón que derribó árboles, levantó tejados de casas, naves y otros inmuebles, derribó lineas de media y alta tensión, dejó sin luz y sin teléfono varios días a parroquias enteras, registró rachas que alcanzaron los 198 km/h en Bares... Entre los recuerdos más dolorosos, la muerte del sargento Lorenzo Martín, que falleció en acto de servicio aquella fatídica noche del 23 de enero del 2009 prestando ayuda en la carretera, en el término de Xove.

Mario Antuña, cabo del Servicio de Extinción de Incendios, Salvamento y Protección Civil de Cervo y entonces jefe del Grumir, recuerda aquel episodio como el peor en su dilatada trayectoria. Horas de angustia y jornadas de intenso trabajo: «Pasé tres días sin dormir y al cuarto me tuve que ir a la cama porque tenía alucinaciones». Recuerda que aquella alerta roja que propició la activación por decreto de un plan de emergencia municipal se recibió en un día en calma chicha. «Hasta la Policía había notificado a los constructores la retirada de andamios y la sujeción de grúas, y el personal municipal había asegurado el mobiliario. Sobre las 20.30 horas estábamos en base esperando acontecimientos. No corría ni chispa de aire, pero en cuestión de media hora o así, se desató la locura. La primera llamada fue la del sargento de Tráfico, que ya estaban en la carretera pendientes del tráfico». Segundos después otra llamada alertaba de coches aplastados por árboles en el restaurante O Almacén. Hubo una tercera... Decenas de llamadas.

«Pasé tres días sin dormir y al cuarto me tuve que ir a la cama porque tenía alucinaciones»

«Decidimos que la prioridad era despejar las vías de comunicación para que la gente pudiera llegar al hospital y atender a quien pudiera estar atrapado. De camino a Xove nos cayó un árbol que nos aplastó la cabina del camión y nos entró una llamada del 112 diciéndonos que dos guardias civiles estaban atrapados. Se caían las líneas de teléfono y teníamos problemas de comunicaciones», asegura Antuña, que recuerda que mientras cortaban el árbol sobre su camión, cayó otro accidentando a uno de sus compañeros del Grumir, el hijo del sargento: «Paramos el coche de un particular de San Cibrao y le pedimos que nos llevara con el equipo hasta los agentes. Fue horrible. El sargento estaba atrapado. Levantamos el árbol y fuimos a una casa cercana a buscar algo para trasladarlo. Creo recordar que usamos una puerta como camilla y lo llevamos hasta O Castelo. Mandé a uno de mis compañeros en la ambulancia con una motosierra por si de viaje al hospital tenía que ir abriendo camino. Caían árboles por todos lados». El relato de Antuña me estremece, quizás recordando que aquella noche yo regresaba de trabajar y fui una de las atrapadas en la carretera de la costa, una ratonera para cientos de conductores.

«De madrugada solo había teléfono móvil en el faro de San Cibrao y en el hospital. Fue una noche de muchas emergencias. Nos daban ochenta avisos y no sabíamos por dónde empezar. Guardia Civil, equipos de emergencias, policías, sanitarios... Todos trabajamos a una», rememora, recordando que horas después, durante la madrugada del domingo, con parte de la comarca todavía sin servicio eléctrico, una pareja de octogenarios fallecía en Cervo por la supuesta inhalación de gases por el funcionamiento de un grupo electrógeno. «Hay un antes y un después del Klaus, con más unión y coordinación de los servicios», reconoce Antuña, que lamenta que no se haya tomado nota y se sigan permitiendo árboles a un metro de la carretera: «Aquella noche, cada persona que estaba fuera de casa estaba en peligro. Lo peor de aquello fue que perdí a un gran amigo».

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