Ante la alarma social y sanitaria que está presente en torno a un barco que hacía un crucero de placer y se ha convertido en una trampa por causa de un virus de origen incierto, volvemos a caer en los mismos errores que hubo con motivo de la presencia y extensión pandémica del covid 19.
1. Dejemos a los expertos en epidemiología que dirijan la operación científica para diagnóstico, tratamiento y sobre todo medidas de prevención o control de la cadena epidemiológica de la infección. Lo digo alto y claro. Me sobran los políticos. Temo que su intento de intervención y mando para con el problema de salud pública se sitúe entre estorbo , confusión y dicterios contradictorios para alcanzar el control de la enfermedad extensible a la población sana susceptible de contagio.
2. Ante un problema como el presente y creciente hay al menos dos cuestiones con las que se está jugando y me recuerda aquello que decía mi padre, médico, «no hay situación y personaje más peligroso que un tonto con un bolígrafo y poder». No es lo mismo atracar un barco que fondearlo. Y debe ser muy tenido en cuenta cuando tal barco es lugar en el que cohabitan infectados que han muerto, que han enfermado o que están silentes desde el punto de vista clínico pero pueden ser sujetos sanos portadores en fase de incubación. Fondear un barco es alejarlo del posible contacto entre los que van en el buque donde se ha declarado la situación de infección con las gentes de tierra, por escapadas de los viajeros que una vez más y como sucedió con el covid 19 discutieron su derecho a moverse libremente -colisión de los derechos no resuelta-.
3. A lo que antecede ha contribuido la ministra de Defensa cuando sin autoridad sanitaria fruto de experiencia, titulación y capacidad sanimétrica, ha dicho que el aislamiento debe ser voluntario. Desde antiguo la cuarentena no es voluntaria. Es una medida que se impone para romper la cadena epidemiológica de la infección que va desde el primer caso hasta la extensión a la población sana susceptible mediante personas portadoras del virus, vectores como insectos y roedores o incluso fómites -objetos de toda naturaleza-, y sobretodo excretas de tripulantes y viajeros.
4. Una vez más, y van unas cuantas, los viejos organismos comunes creados tras la segunda guerra mundial no tienen ni autoridad ni prestigio y son sospechosos de prudente actitud controlada por los políticos o por la industria farmacéutica. Han logrado que muchas personas dejen de creer en las bondades de las vacunaciones, que algunos deberíamos recordar mediante Educación para la Salud, que fueron la herramienta que logró la erradicación de la viruela cuando tantas muertes producía. - En esta lista reflexiono sobre OTAM, OMS, UNESCO, ONU, Parlamento europeo-.
5. Los virus además de agentes causales que van desde reservorios humanos o animales hasta personas sin inmunidad, llegando a producir graves dolencias que son causa de muerte y sobretodo de nueva fuente para contenido masivo del virus que termina por saltar a otros seres vivos, tienen dos malas costumbres: aumentar su virulencia y mutar en su constitución. Lo vimos con motivo de las diferentes fases del covid 19.
6. La vigilancia para los movimientos del virus y los infectados está en una fase que se me antoja de grave descontrol. Se produjo desde el primer muerto en el barco. Ha continuado con las instrucciones cambiantes -tipo Prestige- al capitán del crucero sobre como tenía que mover la nave. Todo este marasmo conlleva el escape de contactos a los que va a resultar muy difícil encontrar y controlar con técnicas sanitarias, pues no me puedo creer que los contactos y previsibles portadores sanos del virus, se dispongan a autodeclararse y someterse al criterio científico epidemiológico necesario para frenar y terminar con el problema.
7. Al no entregar el mando supremo a la sanidad especializada por experiencia en enfermedades de esta naturaleza estamos sufriendo tres impactos. Tormenta de especulaciones mediáticas. Choque entre el Gobierno central de España y la Comunidad Canaria a la que aun no sabemos las razones por las que se les ha adjudicado el barco teniendo en cuenta las distancias y países que hay entre el lugar donde fondeó y las islas turísticas de Tenerife y Gran Canaria. Presencia de nuevos casos clínicos que irán saltando de un punto a otro del mundo civilizado, claro que esta vez el problema se da en ese mundo avanzado, pero me hago una reflexión casi perversa si no fuera por mis antecedentes políticos y sanitarios. ¿Qué está sucediendo en el denominado tercer mundo y que habría pasado si el problema solo se hubiera manifestado en tales territorios que no suelen ser objetivo de las portadas mediáticas, ni para enfermedades ni para la explotación tipo minas de Coltán propias del Congo?.
Fdo. Pablo Mosquera. Médico. Exdirector de varios hospitales, entre ellos el Hospital da Costa. Exparlamentario.