El bulling antes y ahora; mismo concepto, distinto enfoque

Joaquín López García

A MARIÑA

CAPOTILLO

Esta historia trata un hecho personal en un colegio

16 mar 2026 . Actualizado a las 14:27 h.

Todos conocemos el bulling, o acoso, que siempre tendemos a nombrar términos en inglés porque parece que así somos más cultos o simplemente porque suena más cool. A continuación, comentaremos algunos hechos que se remontan a hace algo más de 20 años. Esta historia trata un hecho personal ocurrido en el colegio de esta zona (en mi zona). La finalidad de esta historia, no es únicamente dar visibilidad a este fenómeno (que por desgracia está tan de moda que en muchos casos llega al suicidio por aguantar, resistir y no plantarle cara), que también, sino denunciar ciertas conductas que ocurrían y que, según me consta, siguen ocurriendo con, al menos este profesor en particular. Yo, que siempre he sido un chico con sobrepeso, si nos remontamos a 5º y 6º de Educación Primaria (EP) y 1º y 2º de ESO, en la asignatura de Educación Física siempre con el mismo profesor y además, tutor en 6º de EP, el trauma venía a principio, mediados y finales de curso, cuando tocaba rellenar las fichas informativas de cada alumno en dónde figuraban, entre otros, los datos: peso y altura. Con la inocencia de aquel entonces, como en la mayoría de los casos, resistía y lo único que deseaba era que pasase rápido ese mal trago. Sin embargo, más de 20 años después, me resulta increíble que se sigan subiendo los alumnos a la báscula con el resto de compañeros, mirando los datos, riéndose y anunciando el peso de todos ellos, incluyendo a aquellos más “rechonchos”. Entiendo que el sentimiento será similar al ya descrito y vivido en primera persona. En aquellos tiempos, los profesores eran como “dioses”, por lo que ¿cómo íbamos a denunciar una conducta a mi parecer, poco profesional? Sin embargo, lo que no es de recibo es que esto se haga delante del profesor y sin que él cortase las burlas generadas, esas que posteriormente se extendían a fuera de clase. Por todo ello, durante la realización de las pruebas físicas, cuanto mayor era el peso corporal, mayor resultaba también la dificultad para completarlas, pudiendo comprobar personalmente que no se alcanzaba el nivel exigido, el cual era el mismo para todo el alumnado. Asimismo, recuerdo de mi formación en el Máster en Profesorado de Educación Secundaria que no todo el alumnado presenta las mismas características ni condiciones, y que corresponde al profesorado realizar las oportunas adaptaciones curriculares en función de las necesidades individuales de los estudiantes. De todos modos, si hubiese un mínimo interés por parte del profesorado, en 6º de EP cuando pertenecía a su tutoría, esta información de estar por debajo del nivel en Educación Física y por encima del peso del alumnado de esa edad, quizás hubiese sido conveniente comentarla directamente con mis padres, de forma que entre la familia y la comunidad educativa se podría haber intervenido a tiempo con algún profesional, bien sea un nutricionista o endocrino, y no año tras año, ver cómo el peso aumentaba y el nivel de las pruebas físicas disminuía. Esto desembocaba en burlas durante la clase, a la entrada y a la salida, todo ello junto a mi personalidad y gustos. Las conclusiones de esta situación personal, por una parte es que los adolescentes que pasen por esta situación, que la compartan, bien sea con familiares, o bien con algún profesor u orientador del centro. Nadie tiene que aguantar este tipo de comportamientos y, por otra parte, si durante las clases hay actuaciones de profesores molestas, animar a denunciarlas, pero no seguir soportando acoso gracias al «mal hacer» de algunos profesionales educativos.

Fdo. Joaquín López García