El cambio climático y nuestra costa

Ricardo Timiraos

A MARIÑA

Playa de Covas con marea llena
Playa de Covas con marea llena XAIME RAMALLAL

10 feb 2026 . Actualizado a las 09:42 h.

Una cosa que me enseñó la vida es a fiarme de los que saben y si la ciencia y sus organismos internacionales, de 195 países de la ONU, afirman con la certeza que da el conocimiento, que el cambio climático es real, poco me va a enseñar sobre ello cualquier malandrín. Decía Voltaire: «Alguien inteligente aprende de la experiencia de los demás», y J. Swist también afirma: «La mayoría de las personas son como los alfileres, sus cabezas no son lo más importante». No vale cualquier político de profesor porque, como decía Unamuno, «El que lo sabe todo, absolutamente todo, figúrense lo tonto que será». De tales genios libérame dómine. La teoría del cambio climático ya la sabemos, pero el problema es que las soluciones tardan: ni dejamos de contaminar con el CO2, ni paramos de alterar el ecosistema, ni hay por parte de las autoridades la celeridad que el problema requiere. No parecemos ser conscientes de que el aumento de las temperaturas provocan que los polos se derritan y suba el nivel del mar, pero eso lo sabe Perogrullo. Negarse a ver que avanza la desertificación, que empieza a haber problemas con la producción de alimentos, lo que provoca la consecuente subida de precios, no observar que ha habido que cambiar determinados cultivos es ponerse las gafas de la negatividad absoluta.

Las redes sociales están llenas de chistes sobre la lluvia que nos está acompañando esta temporada y me dirán que si no me acuerdo de lo mucho que llovía en Galicia en mi niñez; ahora bien, el clima cambió y los desastres naturales van en aumento. Las danas, las borrascas continuas, las sequías y las temperaturas extremas no son para mí exageraciones de nadie, sino experiencias vividas. Evidentemente, es cierto que la Tierra ha evolucionado y sufrido períodos más cálidos y más fríos, pero nunca la actividad humana la había dañado tanto y eso nos lo están diciendo continuamente los que saben. Además estas tragedias, cada día más frecuentes y más caras, de una u otra manera las pagaremos todos. Y curiosamente siempre paga el ciudadano los errores que cometen los políticos permitiendo urbanizar en zonas inundables. Saber el porqué lo sabemos, el problema es ponerle el cascabel al gato. Urge pues ponerse las pilas.

Y nuestra costa no es ajena ni al cambio climático ni a la especulación urbanística. Tanto la NASA como Greenpeace alertan del impacto del cambio climático y del turismo descontrolado, señalando a Viveiro, San Cibrao, Burela, Foz y Ribadeo entre los puntos más vulnerables de Galicia (el estudio de la NASA referido a nuestra costa se publicó también en este medio). La subida del nivel del mar, según la regla de Rudd, supone que por cada centímetro de subida se perderá un metro de costa y calculan que en la Mariña habrá subido 20 cms en el año 2050. Ergo habremos perdido 20 metros sobre la pleamar actual. Imagínense cómo va a cambiar el panorama. También advierte que, además de la subida de la temperatura del mar, con el consiguiente impacto en la fauna marina (almeja, berberecho, sardina y otras especies que serán sustituidas por otras de aguas más cálidas como el cangrejo azul, por ejemplo...) aumentará la salinidad.

Lo curioso es que ya estamos viendo cómo va retrocediendo la costa y cómo va cambiando la fisonomía de algunos paseos marítimos y playas, Area, por ejemplo. Habrá que retranquear bastante. Y si uno se fija un poco, verá que la gente que encuentra amenazado su chalé en primera línea, pretende venderlo. El encantador San Cibrao perderá su istmo y la famosa playa de las Catedrales de Ribadeo habrá desaparecido también para entonces. Adiós igualmente al Fuciño do Porco entre otros muchos.

Esto supondrá una revolución no solo en la pesca, sino urbanística de consecuencias impredecibles. Y aquí conviene recordar que Costas y los ayuntamientos deben tomar medidas de prevención y de gasto no vayan a ser absurdas algunas obras. Ya nos han proporcionado mapas de futuro, y de eso se deduce que su fisonomía cambiará. Lo que sí parece cierto es que el hombre, llevado hasta de motivos loables como puede ser crear puertos para la flota pesquera, ha ido apoderándose de terrenos próximos al mar con construcciones múltiples, bien públicas, bien privadas, con el beneplácito de las administraciones y ahora es cuando es preciso pensar si seguimos enterrando dinero en obras faraónicas o buscamos otras alternativas.

Lo que parece evidente es que las edificaciones afectadas por este impacto corren riesgo y aquí es preciso también considerar qué construcciones. El uso y disfrute en primera linea de playa, como muchos presumieron, presenta estos riesgos y quizá cure osadías. Veremos cómo evoluciona todo, tiempo al tiempo.

* Ricardo Timiraos, profesor y escritor de Viveiro.