«Moitos non pasaron un verán en terra»

La Asociación de Xubilados do mar e afíns de Burela revive a diario sus años marineros en A Moncloa


burela / la voz

Ayer fue viernes y en La Moncloa de Madrid, el Consejo de Ministros autorizó la firma de un acuerdo de pesca con Portugal. Mientras tanto, a unos 600 kilómetros al noroeste y como cada día, los «ministros» de otra Moncloa jugaron a las cartas, recordaron aventuras y anécdotas del mar, e incluso charlaron sobre la campaña de la xarda que estos días da sus últimos coletazos. «Nesta Moncloa gobérnase o mundo, por algo lle puxeron este nome», bromean varios miembros de la Asociación de Xubilados do mar e afíns de Burela, A Moncloa, un colectivo que tiene 126 socios y que estos días celebra su décimo aniversario oficial. «Porque antes de ter local xa nos reuníamos no cobertizo da báscula, onde había uns bancos, e alí pasábamos a tarde falando. Os mariñeiros que se ían retirando íanse incorporando», explican. La memoria individual y colectiva de la mayoría está marcada por décadas de trabajo y sacrificio en el mar, lejos de la familia, entre agua salada y pescado, pero también entre gasóleo, aceite e incluso carbón, como evoca el más veterano, Pepe do Canabalo, de 83 años. «Cando os asturianos andaban coa folga do carbón, tiñamos que ir nós de noite descargar as vagonetas», dice. «Nunca pasei un verán en terra. Mesmo os dous anos que non fun ao mar porque estaba na mili, cando viña de permiso á casa ía ao chicharro», detalla. Y su caso no es único. Junto a él, Hortensio, que tiene 77, confiesa que desde los 14 hasta que se jubiló anduvo «a todo»: bonito, centollos, pincho, arrastre, cerco... «Só pasei en terra tres veráns. Os dous da mili e un que me quedei para saber o que era iso», cuenta.

Sin radio, duchas ni váter

La mayoría hacen referencia a tiempos «de miseria», en los que los barcos de madera eran como cáscaras de nuez que no tenían radio para comunicarse con la familia, pero tampoco camarotes, duchas ni váter -«o que había era a borda, e había que ter coidado polo vento», ríen-, y hasta el agua dulce escaseaba. La poca que había era para el motor, ya que, según señalan, era más importante el barco que el marinero. «Aínda que morrese unha persoa non se notaba, pero barco só había un», señalan con sorna. «Eu vía tan pouco a meu pai porque andaba á anchoa no País Vasco, que cando viña á casa choraba e preguntaba que cando se ía ese señor ao que non o coñecía», cuenta Herminia Pernas, secretaria de la asociación e hija de otro marinero emblemático, Labrego, que ya falleció. Desde aquella época, mucho ha llovido y Santiago, de 64 años, que anduvo embarcado 37; Villarejo, de 76, y Antonio, Gacha, de 67, que preside la asociación, reconocen la potencia pesquera de la Burela actual. Aunque muchas cosas buenas se hayan quedado por el camino. «Antes os mariñeiros andabamos á parte, non a soldo. Ías á costeira do bonito e gañabas para un coche», señalan.

Tres miembros del colectivo darán el pregón de las fiestas patronales el 26 de mayo

«Sentímonos moi honrados e agradecidos de que conten con nós para o pregón e para calquera outra cousa», destacó ayer Antonio Abad, Gacha, presidente de la Asociación de Xubilados do mar e afíns de Burela en relación con el encargo que les ha hecho la comisión de fiestas para que den el pregón de las patronales el próximo 26 de mayo. Desde el colectivo solo adelantan que se ocuparán de tan significativa labor tres socios que ayer ya reconocían estar algo nerviosos. «Resumir cincuenta anos de vida en vinte minutos vai ser moi difícil», sonreía uno. «A min ponme nervioso o micrófono porque non estou acostumado», añadió otro. Con la sabiduría que atesoran, seguro que ese día lo bordan.

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