Vecinos de A Mariña relatan los avatares del día a día, con ingresos cada vez más escasos y sin expectativas de futuro
15 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.Luisa lleva casi un mes en el paro. El negocio turístico en el que trabaja cierra durante el invierno y no reabrirá hasta Semana Santa. «Con el subsidio no me da para nada y voy a coger una media jornada en la cocina de un bar», cuenta, tras 15 días de vacaciones, «un lujo». A Juan lo despidieron antes de Navidad, pero sin fecha de regreso: «Levaba 22 anos no taller, a cousa non ía ben e botáronme, pero creo que xa teñen outro, iso si, por bastantes menos cartos... E eu andaba polos 1.200 euros».
Tras años repartiendo bebidas, a Pepe le tentó la construcción: «Cobraba moito máis e pagábanme as horas extra». Pero el ladrillo se desinfló y se hizo camarero, «só en temporada alta, o resto do tempo non te queren». Sobrevive gracias al empleo a media jornada de su mujer, administrativa, «e ás patacas e os pitos que manda a sogra». Laura ya no sabe de qué prescindir. Hace semanas que no coge el coche: «Vou andando buscar aos nenos e facer a compra. Así non gasto..., e aínda me hei poñer en forma», bromea. Su marido cobra 700 euros, su único ingreso. «E meus pais xa están ata arriba, con meu irmán na casa, sen atopar nada». Mari Carmen vivió un ERE y otro ERE, confiando en que la fábrica resurja, pero ha tenido que aparcar la química y hacerse autónoma, en un negocio hostelero. «Polo menos sígome formando, a ver se a base de cursos por internet vai aparecendo algo».
A Juan, su jefe le debe tres mensualidades y una paga extra. No descarta «calquera barbaridade» para recuperar lo que es suyo y planea emigrar, como sus padres, «pero, polo menos, falando algo de inglés». Viven en Viveiro, Burela, Mondoñedo y Foz, pero su historia es universal. Aspiran a ganarse la vida, solo piden una oportunidad.
A Juan lo echaron antes de Navidad tras 22 años, en su puesto hay otro que gana la mitad