Un joven de Cangas fundó Pescados Rubén. Sus hijos le han sucedido
29 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Hace casi medio siglo que Rubén Blanco Fernández, originario de Cangas (Foz), empezó a vender pescado. «Ía polas aldeas, había que subir a un altiño e tocar o corno para que a xente viñera comprar. Vendías máis se eras máis gracioso. Con 15 ou 16 anos andaba nunha furgoneta allea, sen carné, por Cangas, Cordido, Moucide, Adelán, Ferreira, ata Vilacampa; onde non había cartos cambiaba o peixe por maínzo, trigo ou ovos. Gañaba 2.000 ou 2.300 pesetas ao día..., o que non se gaña agora», relata el fundador de Pescados Rubén, empresa especializada en la comercialización de pescado fresco, congelado y elaborado, cuya facturación anual supera los 40 millones de euros.
Del reparto por las aldeas al mercado global. El ansia de prosperar de aquel joven de Cangas, de orígenes humildes, le llevó a dejar su empleo con el empresario Arcadio Pardiñas, que le pagaba 4.800 pesetas al mes, para comprar un coche -«a un tal Noriega, que andivo de animador da orquestra Amor, de Viveiro»-, avalado por «José do Valle de Oro, que morreu hai pouco». «Eu sabía o negocio que era o pescado e co cochiño que merquei, o primeiro día gañei 1.800 pesetas. Iso pola mañá, e polas tardes sacaba outras 500, xa só cos congrios que lle vendía á nai de Xexo, no restaurante, en Cervo... Esa muller preparaba o congrio coma ninguén».
En tres meses saldó la deuda con José do Valle de Oro. Pronto empezó a transportar marisco hasta la cetárea de Cariño, con un margen de cinco pesetas por kilo. Después amplió el mercado hacia O Grove y buscó un socio, Pancho, para construir una cetárea. «Traballabamos día e noite, pero gañamos unha chea de perras». Su padre, Donito Blanco, cocía el marisco y cuidaba la cetárea, que acabaron cerrando para centrarse en la comercialización de pescado a mercados centrales y grandes superficies. Alfredo, empleado desde hace 27 años, es otra figura clave, «gran traballador e calculador», afirma Blanco Fernández, orgulloso de sus sucesores, «traballadores e intelixentes». Para definir a Cesarina, su mujer, «non hai palabras». Ella sigue siendo quien coordina casi todo. Los hijos subrayan confianza y la autonomía que les ha otorgado su padre, dejando que aprendieran de los errores.
Pescados Rubén compra y vende dentro y fuera de España; en las temporadas de más actividad la plantilla ronda las 150 personas. «Compramos un promedio de 50 ou 60 mil kilos de merluza diarios», afirma el padre. «A nosa empresa -recalca- é a base de traballo, 16 horas ao día; así gañamos cartos».