El padre fue presidente de la comisión durante más de 15 años y la hija colabora con la organización actual. Comparten el amor por Mondoñedo y la pasión por las ferias
17 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Beatriz Meilán Rego ha heredado el amor por Mondoñedo y la pasión por As San Lucas de su padre. Jesús Meilán empezó a trabajar en la gasolinera paterna en verano, con 14 ó 15 años, cuando estudiaba en el Seminario de Lourenzá y en el de Mondoñedo. «Mi hermano Antonio y yo ayudábamos para que nos diera alguna pesetilla para nuestros vicios. Desde los 18 estoy fijo en la empresa», cuenta. Los hermanos acabaron vendiendo el negocio familiar pero Jesús continúa en la estación de servicio de Mondoñedo como empleado.
A colaborar con la organización de As San Lucas comenzó alrededor de 1975. «Me llamaron para ayudar, Manuel Redruello, Recetas , era muy amigo de mi padre, se lo dijo y me animaron; después al fallecer él pasé a ser yo el presidente». Desde entonces coopera con la comisión y ha sido su responsable durante 15 ó 16 años, de forma intermitente. De niño esperaba con ilusión la aparición de los caballos y las tómbolas. «Ahora intento tener libre el día 18, sigo subiendo, antes a las ocho ya estaba en el recinto ferial, ahora no madrugo, me encanta ver los caballos, pasear, tomar el vinito de rigor por los sitios de siempre; por la tarde salgo a tomar el pulpo..., mucho más relajado».
Antes, el ajetreo empezaba el 1 o el 2 de septiembre. «Antiguamente íbamos a pedir por todas las casas de todas las parroquias, recuerdo ir a Tronceda y tener que dejar el coche a un kilómetro porque no llegaba por las corredoiras. En muchas zonas no había luz pública y caminábamos hasta las casas con katiuskas, linternas y chubasqueros. Durante mes y medio todos los días salíamos a pedir», relata. La cena compensaba con creces las penurias: «En cada aldea teníamos algún conocido en la última casa a la que íbamos a pedir y allí nos daban tortilla, chorizos, queso..., así acabábamos la jornada».
Todos los días hacían pública la lista de las viviendas a las que habían acudido y cuánto habían aportado, «escrita a máquina». «Al final juntábamos 15 ó 16 hojas... Esto se perdió». Las ferias también han cambiado. «Antes era mucho más bonita, pero más penoso para la gente, porque pasaban dos o tres días bajando el ganado; ahora la mayor parte lo traen en camiones, antes era raro que vinieran caballos que no fueran de monte, hasta que aparecieron unos santanderinos con unos percherones bien arregladitos, hará más de 30 años».
Beatriz acompañaba a su padre desde niña. Y llegó a ser sanluqueira, a pesar de su padre, entonces presidente de la comisión. «No quería pero hubo votación y perdí. Era bastante mona y muy dicharachera». Ella solo recuerda la carroza y la feria y los coches de choque y los carruseles del campo de la fiesta. Ahora baja con sus amigos -los que vienen de fuera invitados por ella repiten, como un grupo de Baiona-. «Jamás pierdo As San Lucas, le echo una mano a la comisión hasta octubre, cuando empieza el curso», afirma. Aquí se reencuentra con viejos amigos, como su padre, gente a la que solo ven en las ferias, un orgullo para la familia Meilán.