Ya ni siquiera protestan, aunque la situación es tan o más crítica que en las ocasiones del año pasado en las que sí se quejaron. Armadores y tripulantes de la flota pesquera mariñana asisten a una nueva caída de precios, casi generalizada, pero que se nota sobre todo en la pescadilla y la merluza, principal fuente de ingresos del sector en la comarca. Tanto se han devaluado que ayer mismo, en algunas pescaderías, podían comprarse más baratas que pescados que tradicionalmente se pagaban bastante menos, como, por ejemplo, el jurel.
Cuando no superan el kilo y medio de peso, se llaman pescadillas, que ayer, de oferta, se vendían a 4,45 euros el kilo. A partir de 1.500 gramos ya son merluzas, que estaban a disposición del consumidor a 5,75 euros. Para la pescadilla se considera normal en estas fechas 6 euros el kilo, y para la merluza, 9. En la misma pescadería tradicional, el jurel grande, el chicharrón, costaba a 5,95 euros el kilo, mientras otro producto habitualmente más barato, como el lirio o bacaladilla, se quedaba en cinco euros el kilo.
El precio final se corresponde con el de primera venta, el alcanzado en lonja, donde la merluza y la pescadilla capturada en los caladeros europeos de Gran Sol cotiza a la baja. Ayer, en A Mariña, registraron promedios por kilo y embarcación que rondaron los tres euros, cuando los pescadores consideran que por debajo de los cuatro euros el kilo son «ruinosos» pues ni siquiera permiten cubrir costes.
A tan bajas cotizaciones hancontribuido diferentes factores. Entre los profesionales de la pesca consultados en Burela y Celeiro admiten que está resultando determinante la abundancia de merluza. Solo en lo que va de año, en la lonja celeirense se han vendido 264.000 kilos, a una media de 3,5 euros el kilo, y en la burelense, 112.000 kilos, a un promedio de 5,2 euros, según los datos facilitados por los gestores de las rulas a la Plataforma Tecnolóxica da Pesca.
Cuentan los mariñanos que ese volumen de descargas se repite en otros puertos merluceros de Galicia y del Cantábrico. Sumada la de procedencia nacional a la de importación, más barata, los mercados están saturados, justo cuando la demanda de los consumidores continúa retraída por la crisis económica, agudizada ahora por una cuesta de enero que este año está siendo más empinada para muchos.