La familia Álvarez Rodríguez lleva ocho años al frente de la panadería Jispán, en Celeiro, mimando a su clientela con productos exclusivos y de calidad
29 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Antes que panaderos, Isabel Rodríguez Balseiro, originaria de Ourol, y su marido, el viveirense Sebastián Álvarez Romero, regentaron un supermercado en Verxeles. Durante 25 años acudieron a diario al ultramarinos para atender a sus clientes y sus hijos, Patricia y Javier, ya desde pequeños les echaban una mano. «Pero las cosas cambiaron, el hábito de compra dejó de ser el que era», explica Isabel. Y vieron la oportunidad de emprender una nueva aventura comercial, en un gremio que siempre les había atraído.
A trabajar, feliz y contenta
Hace ocho años que Isabel y Sebastián se hicieron con el traspaso de la panadería de la calle Torre, en Celeiro, que bautizaron como Jispán (las iniciales de Javier, Isabel y Sebastián). El local es alquilado pero toda la maquinaria pertenece a los actuales responsables del negocio. «De siempre nos gustaba, sobre todo a mi marido, y nos decidimos, era algo para toda la familia», cuenta esta mujer alegre y entusiasta, apasionada de su trabajo, aunque implique tener que levantarse cada día alrededor de las tres de la madrugada.
Padres e hijos comparten tareas, junto a los tres empleados con que suelen contar. «Todos hacemos un poco de todo, mi marido y yo somos quienes primero nos levantamos, dependiendo del trabajo que haya, y luego se van incorporando los hijos». Los encargos condicionan la jornada. Si, como ocurrió el viernes, salen dos embarcaciones del puerto de Celeiro, la actividad crece. «Un barco supone una hornada extra o dos», asegura Isabel. Sucede algo similar cuando los restaurantes que compran en Jispán celebran banquetes.
En verano y en Semana Santa la carga de trabajo llega incluso a cuadriplicarse. Jispán reparte a domicilio en las zonas de Verxeles, Viveiro, Celeiro y Area. El incremento de la población en periodos largos de vacaciones y también en los puentes, por la llegada de turistas, se refleja en la carga laboral y también en la cuenta de resultados de esta empresa familiar. Patricia, licenciada en Pedagogía, no dudó en sumarse al proyecto. «Estoy feliz de panadera, ¿para qué me voy a ir fuera si en casa tengo trabajo?», afirma la responsable del despacho abierto por Jispán hace dos o tres años en la plaza de Abastos de Viveiro.
Despacho en la Pescadería
Por allí transitan, de lunes a sábado, cientos de personas. Y muchos se detienen ante el mostrador de la panadería, tentados por los bizcochos, las cocadas, los almendrado, los melindres, la tarta de manzana (en Navidad y en Pascua, el roscón) o las empanadas, siempre al gusto del consumidor. «Personalizamos todos los productos -recalca la madre-; el pan, más cocido, menos hecho, alargado, más aplastado, más alto, con sal, sin sal, integral... Para cada reparto tenemos un tipo de cesto porque, según la zona, lo prefieren de un modo u otro». Triunfa, sobre todo, el pan de trigo.
El relleno de las empanadas también se adapta a los deseos del cliente (basta con encargarla la víspera) y a los alimentos de temporada. «Setas con bacon, almejas, carne, zorza...». Cualquier combinación sirve para esta familia de devotos por la labor bien hecha, «en especial Sebastián», apunta su mujer.
«Es un trabajo que me satisface plenamente, ver una cosa en el horno, que te está saliendo bien... Es algo creativo, todos los días diferente. De corazón que me gusta», confiesa Isabel. A los clientes de Jispán les ocurre lo mismo.