Toda una dinastía de peluqueros

A MARIÑA

El vegadense Pedro Amor Val tomó el relevo del negocio creado por su padre en 1927 y ahora es su hijo Set el que está al frente de la histórica barbería

22 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En 2027 habrá «fiesta rachada» en la peluquería Amor, en Vegadeo. Pedro Amor García fundó el negocio en 1927; su prematuro fallecimiento, en 1945, dejó la barbería en manos de su hijo Pedro Amor Val. «Mi escuela fue mi padre, empecé a cortar a los ocho años y a los nueve, cuando murió, quedé yo al frente de la barbería; seguí con ella hasta que me jubilé, hace diez años, y pasó a manos de mi hijo Set», cuenta el segundo de esta saga vegadense. «Nacimos en Vegadeo, en Oviedo somos gallegos y en Lugo, asturianos», apunta el vástago, que aprendió el oficio de su progenitor.

Amor Val, segundo en esta dinastía de peluqueros, completó la formación adquirida en casa con breves estancias en París y Bélgica, «mirando lo que se hacía allí, pues era la única forma de poder prosperar dentro de esta actividad», explica. El catalán Pascual Iranzo, «un artista», le instruyó en el manejo de la navaja para el corte de pelo, tarea que requiere una especial habilidad. Y completó la instrucción en Gijón, en un curso de corte de pelo quemado. «Estuvo de moda en una época, después de cortar echabas alcohol con una máquina y lo quemabas... ¡Tonterías!», resume Pedro.

Tiempos difíciles

«Amé el oficio toda la vida -afirma el segundo de la saga- y me alegré muchísimo de que siguiera mi hijo. Hubo años muy difíciles, no había hambre en la peluquería, pero pasaba por la puerta». En plena posguerra, con mucha competencia, pues en Vegadeo llegó a haber ocho barberos, no bastaba con cortar y afeitar, los servicios más demandados. Y en la peluquería Amor tuvieron que vender hasta tabaco para sacar adelante a la familia.

La escasez de aquel tiempo gris tampoco propiciaba la creatividad. «Había muchos tabúes y los hombres no querían que les hicieras nada fuera de lo común... ¡Hoy se ponen mechas! Antes a alguno tenías que arreglarlo cuando no había nadie en la peluquería, con la puerta cerrada», relata. Amor Val conservó la clientela de su padre, que incluso pasó al nieto. «Tengo desde niños de tres años hasta un señor de Abres que tiene 102», asegura Set.

El relevo generacional trajo consigo cambios importantes, el local se modernizó y, desde hace ocho años, junto a la barbería de siempre funciona una peluquería femenina, que regenta Stella Rivera Trasancos, la esposa de Amor Guerra. Mujeres y hombres comparten instalaciones, eso sí, separados por una especie de biombo de cristal.

Set confiesa que nunca ha sentido una especial vocación por el oficio heredado. «La verdad es que nunca me gustó, pero por las cosas de la vida te vas quedando...», comenta. Y la clientela no ha parado de crecer. Un treinta por ciento, dice, son veigueños; el resto provienen de pueblos de los alrededores, asturianos y, sobre todo, gallegos de Ribadeo y A Pontenova. Set guarda como reliquias las máquinas que empleaba su padre, aunque no ha abandonado el corte ni el afeitado al modo en que lo vio hacer desde pequeño.

De 2,5 pesetas a 7 euros

Si algo ha variado en estos años son las tarifas. «Cuando murió mi padre -relata Pedro-, por cortar se cobraban 2,50 pesetas y 1,50 por un afeitado». Hoy, el corte más sencillo vale siete euros y el afeitado, cinco. Las buenas costumbres, como la conversación, subsisten. «Los barberos siempre hemos tenido fama de charlatanes», dice Pedro. Y Set le da la razón: «Hablo mucho con la gente, de todo, agricultura, política, economía y muchísimo de fútbol».