Aunque todavía no han aparecido las piquetas ni se ha derribado ningún tejado, el desmantelamiento definitivo de al menos ocho viviendas de O Celeiriño ya ha comenzado. Personal de Begasa, la empresa suministradora de energía eléctrica, acudió ayer al barrio para empezar a desconectar el tendido y evitar así que las casas habitadas se queden sin servicio mientras duren las obras de demolición de los inmuebles que se encuentran más deteriorados. Para hoy está prevista la llegada de operarios de Telefónica, a fin de garantizar que se mantenga el servicio para las construcciones no afectadas. Y también hoy, personal de Protección Civil del Concello de Viveiro se desplazará hasta este barrio para supervisar la retirada de enseres de alguna de las viviendas que se van a derribar. Antes de permitir el acceso de los antiguos propietarios al interior de las casas, se asegurarán de que no hay riesgo de que se vengan abajo, recalcó ayer el alcalde de Viveiro, el socialista Melchor Roel. Los vecinos que siguen residiendo en O Celeiriño esperaban ayer, con curiosidad y cierta expectación, el anunciado inicio de la demolición. En realidad, han comenzado los últimos trabajos previos al derribo, que se efectuará manualmente, con la ayuda de pequeñas máquinas, debido a la estrechez de las calles de este barrio marinero y a la debilidad del pavimento. En el apartado administrativo también queda trabajo por hacer. Está pendiente que la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras abone las escrituras de propiedad de los pisos adquiridos para los vecinos que se han quedado sin hogar en O Celeiriño. Para ello, el departamento que dirige el popular Agustín Hernández, tendrá que abonar los 24.000 euros pendientes. Están igualmente pendientes las reclamaciones por los daños, tanto a las compañías aseguradoras como a la empresa promotora del edificio del solar anexo a las viviendas más deterioradas. Mientras, la maleza sigue creciendo en las calles. Y una vecina, Dolores Prieto, resiste en su domicilio, sin tan siquiera servicios básicos. De alguna manera, O Celeiriño, un barrio con muchos años de historia, se resiste a desaparecer del todo.