El técnico toledano, actualmente en el área de formación del Real Madrid, elogió el modelo de gestión de un club naranja que le impuso la insignia de oro y brillantes
07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Su magnetismo impresiona. Numerosos aficionados le admiran por su trayectoria al frente de la selección nacional, en la que pasó doce años y con la que conquistó tres títulos continentales y dos mundiales, pero la mayoría del público y casi todos sus colegas de profesión le veneran por sus cualidades humanas. Su sonrisa perenne, con la que adorna sus discursos cautivadores y ordenados, y la afectuosidad que desprende en cada encuentro son, sin ningún género de duda, los rasgos más característicos de Javier Lozano (Toledo, 1960), que ayer volvió a A Mariña para recibir la insignia de oro y brillantes del Burela-Pescados Rubén.
-Seguro que ya acumula una cuantas insignias de oro y brillantes y numerosos premios. ¿Uno llega a cansarse de tanto homenaje?
-No, y menos de los que son sinceros y entrañables y se hacen con el corazón, como en este caso. Me ha agradado muchísimo y me he sentido hasta emocionado.
-Parece que hay química entre el Burela y Javier Lozano.
-Sí, y creo que es porque tenemos un denominador común: somos buenas personas. Ellos son sinceros, trabajadores, humildes... y yo me identifico mucho con ese perfil.
-Este equipo ha fallado en sus cuatro intentos de subir a División de Honor. Agradecería unos consejos de un 'ser superior' en la materia.
-Es una pena. Yo entiendo que la afición se desespere porque tiene muchas ganas de festejar el ascenso, pero hay que tener paciencia. Solo con tranquilidad se consigue. El Burela se merece estar en División de Honor por una razón muy sencilla: porque sus dirigentes son serios, no se han dejado llevar por la fiebre del oro y siempre han tenido los pies en el suelo. Han invertido para formar un club sólido que ahora que llegan las tempestades nunca se va a caer.
-¿No echa de menos el banquillo?
-No me apetece entrenar, pero sí estar más cerca. El año pasado curaba el mono porque estaba en el primer equipo del Real Madrid y tenía charlas con Schuster, con los jugadores, viajaba con ellos.., y para mí era suficiente. Pero ahora con la cantera paso muchas horas en la oficina delante del ordenador.
-Le habrán llegado decenas de ofertas desde que dejó la Selección.
-Sí muchas, pero cada vez me interesa más la formación. La vida me va empujando hacia la docencia.
-¿Hay muchas diferencias entre el mundo del fútbol y el del fútbol sala?
-La esencia es la misma: la metodología, las dinámicas de grupo, las técnicas de entrenamientos, la filias, las fobias..., la única diferencia es el altavoz, donde el fútbol está muy por encima. El fútbol sala no sabe ni ha sabido vender sus éxitos.
-¿Le gusta el modelo de gestión de los actuales gobernantes de la Liga Nacional de Fútbol Sala?
-No estoy muy metido. Desde fuera me parece que les falta un pelín de liderazgo para levantar el ánimo de las tropas, pero también es verdad que han llegado en un momento complicado y se encontraron con un déficit importante.
-¿Qué solución se le ocurre para frenar la devaluación del fútbol sala?
-El problema es general, no solo del fútbol sala, aunque sí le mandaría un mensaje a la Liga: que sea mucho más controladora y fiscalizadora que los anteriores gobiernos, que eran más austeros. Es preferible tener pocos equipos pero serios y saneados que no muchos y vivir luego una debacle.
-Una curiosidad. ¿Qué jugador le ha impresionado más de todos cuantos ha visto?
-Para mí el hombre más determinante, el que más transmite, el que más aporta, el que menos quiere figurar, y el que más contribuye a que los demás sean mejores es, sin duda, Kike (ElPozo Murcia).