El ingeniero focense, de origen astur, trabaja en el proyecto del Gran Telescopio de Canarias, en el Instituto de Astrofísica, y da clases en la Universidad de La Laguna
10 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En 1998 Fernando Gago Rodríguez (Gijón, 1972) recibió el primer Premio Nacional por sus estudios de Ingeniería Industrial, otorgado por el Ministerio de Educación. Fue entonces cuando trascendió el brillante currículo del joven de origen asturiano, afincado en Foz con su familia desde los seis años, y que regresó a su ciudad natal, Gijón, en su etapa universitaria. De su paso por el colegio de los maristas y el instituto focenses queda un expediente magnífico, cargado de sobresalientes, y un buen recuerdo, de un muchacho divertido, sociable y muy inteligente.
En realidad, cuando le comunicaron la concesión del premio ya estaba trabajando en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), donde se ha desarrollado su carrera profesional hasta el momento. «Llegué aquí medio de casualidad. El IAC tiene unas becas de verano para que los estudiantes vengan a trabajar, eché el currículo para una de ellas. El que ahora es mi jefe me llamó y me dijo que no era el perfil que buscaban para las becas, pero que les había gustado el currículo y que si alguna vez tenía interés en trabajar que contactara con ellos», relata.
Luego vino el servicio militar obligatorio y Fernando escogió el archipiélago canario. «Me pasé por aquí (la sede del IAC) y empecé a trabajar con una beca, después me ofrecieron un contrato y luego salió ya una plaza fija», explica. Cuenta que, a raíz del galardón, recibió alguna oferta de empresas privadas, que rechazó. «Estoy contento aquí, hay centros a nivel europeo que hacen cosas semejantes pero, de momento, no he tenido la curiosidad de irme a trabajar allí, aunque para el futuro no descarto la posibilidad».
Mezcla de culturas
«Aquí existe un ambiente de trabajo excelente, con gente joven de todos los lados, una importante mezcla de culturas, de gente muy cualificada y con espíritu aventurero, muy parecida a mí; gente a la que le encanta conocer, viajar, muy abierta... Esa es una de las razones principales, junto con el tipo de trabajo, que me han hecho estar tan cómodo estos años», subraya.
Gago compagina su trabajo en el IAC con la docencia: «Empecé a dar clase de Ingeniería en la Universidad de la Laguna, a tiempo parcial, como profesor asociado. El trabajo que me gusta es el desarrollo de ingeniería, no tanto la docencia; de hecho en la Universidad no hago investigación, solo doy clase».
En el IAC trabajan astrofísicos e ingenieros; estos últimos se encargan de elaborar los instrumentos que utilizan los astrofísicos para investigar. «En eso llevo estos diez u once años, en la parte de electrónica, el software, el control y ahora también la gestión, llevando algún proyecto», indica Gago. Uno de los proyectos más atractivos en los que ha participado es el del Gran Telescopio de Canarias (GTC), que se inaugurará a mediados de este año de manera oficial.
«Si estás dentro, realmente te impresiona. Nosotros hemos hecho los instrumentos, la parte final; una vez que la luz llega concentrada a un punto, la parte final coge esa luz y hace algo con ella; es en lo que hemos estado trabajando en los últimos años», asegura. En una de las fotografías de este reportaje (arriba a la derecha) se puede ver a Fernando, en un sistema de pruebas para un instrumento llamado EMIR, que irá en el GTC.
«El cilindro grande gris que aparece hacia la derecha es un criostato, una especie de termo gigante, para enfriar distintos elementos a la temperatura a la que ha de funcionar el instrumento (-196 grados centígrados). El resto de cosas son la instrumentación auxiliar: bombas de vacío, sensores-controladores de temperatura y presión, sistemas de seguridad, ordenadores para control y toma de datos, etcétera», detalla. En la otra imagen (arriba izquierda), Fernando se encuentra debajo «de un simulador de un segmento del espejo primario que llevará el futuro ELT (telescopio gigante europeo), un enorme telescopio en que solo el espejo principal medirá unos 42 metros de diámetro (equivalente más o menos a medio campo de fútbol). Todo el telescopio será aún muchísimo más grande», abunda. Se trata de un proyecto europeo, el ELT, en el que también está involucrado el IAC.
El trabajo en el IAC le permite cultivar una de sus grandes pasiones, los viajes: «Siempre me ha gustado viajar, en la universidad empecé en el Interrail, con la mochila por Europa, con las limitaciones económicas de un estudiante...». La ventaja del IAC, afirma, «es el montón de viajes de trabajo, a congresos y por proyectos internacionales, y la flexibilidad para organizar las vacaciones».
La India ha sido uno de los países que más han impresionado a Fernando: «Es un país bastante caótico y aunque la gente no tiene mucho no vas con miedo a un atraco, tienes bastante libertad para moverte; son ciudades grandes, con una parte rica y otra muy pobre».
De ruta por Nueva Zelanda
«A nivel de naturaleza -relata-, el país que más me ha impactado es Nueva Zelanda, especialmente la zona de los fiordos del sur, Milford Sound... Es de lo más bonito que he visto nunca. La India ha sido el más impactante a nivel de sociedad». De sus numerosos periplos por el mundo destaca, además, los volcanes de Hawai -«puedes ver la lava fluyendo y solidificándose a tus pies»-; las cataratas de Iguazú -«simplemente impresionantes»-; la Capadocia -«sus ciudades subterráneas y curiosos paisajes»- y Estambul, en Turquía; y las ciudades de París y Praga -«a nivel cultural, toda Europa es difícilmente superable por ningún lugar de los que he conocido»-.
En Navidad, Semana Santa y verano visita a su familia, que vive en el barrio de Malates, en Foz; y en los ratos libres toca el piano -«me alegro de haberlo hecho en su día (se diplomó en el Conservatorio de Lugo), me entretiene y me relaja»-.