Una Semana Santa muy sentida

A MARIÑA

La familia de Pura García Guerreiro vive con fe y entrega las celebraciones de la Pasión. Las tres generaciones pertenecen a la Hermandad de la Santa Cruz

15 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Durante la Semana Santa en la casa de la familia Fanego se vive un continuo ajetreo, un ir y venir constante. Ya en los días previos, como ocurre ahora, hay trajes y mantillas tendidos. Pura García Guerreiro, que está a punto de cumplir 83 años, es la mayor de esta saga de mujeres cofrades, que viven las celebraciones de Semana Santa con solemnidad y un profundo sentimiento.

Pura, su hija Marta Fanego García, y su nieta Ana Ruiz Fanego, pertenecen a la Hermandad de la Santa Cruz, integrada únicamente por mujeres. Pura sigue formando parte de la directiva, que presidió durante años. La hermana mayor, María del Carmen López, Chipe, valora mucho la experiencia que aporta esta mujer, la más veterana, la única que continúa en activo desde el principio.

«La cofradía se empezó en 1953 -recuerda García Guerreiro- y yo ya me hice cofrade, pero en 1960 ya fui de la directiva. Me pareció una cosa buena, en realidad de aquella las mujeres no actuábamos para nada, se fundó para representarlas». Esta empresaria jubilada, que conserva una extraordinaria vitalidad, siempre vivió de cerca la Semana Santa. «Mi marido (Francisco Fanego Abadín) fue fundador de La Piedad y de las Siete Palabras. Yo, ya de soltera, me hice cofrade de la Santa Cruz», explica. Y recuerda a «Doña Juanita», la primera hermana mayor de la Santa Cruz.

Durante décadas, Pura ha participado en las procesiones: «Ya me conocían por la mantilla, una vez un chico me dijo en A Coruña 'a usted la vi yo con la mantilla', en el acompañamiento de la Virgen a la Cruz». La última vez fue en 2003. Su hija Marta se inició de niña, de samaritana, junto a las hijas de otros directivos de La Piedad. «Íbamos con nuestros cántaros, acompañando a la cruz. Era la más pequeña y la más mimada. Mi padre me pintaba las sandalias de dorado a juego con el traje».

Una ilusión enorme

«Después -agrega Marta- ya empecé de capuchón, en las filas, y como era muy alta incluso fui de escolta de un paso, ya con 13 ó 14 años. Era una ilusión enorme». La representante de esta segunda generación siempre ha sentido la Semana Santa como algo propio, igual que en su casa. Ella misma forma parte ahora de la directiva de La Piedad, en sustitución de su progenitor. «Cuando falleció mi padre, todos eran hombres mayores, yo les dije que colaboraría... pero al cabo de casi un año me dijeron 'es que trabajas más que nadie' y me integré en la directiva en el sitio de mi padre».

Fanego García destaca el inmenso trabajo que se oculta detrás de las procesiones de la Semana Santa: «Últimamente las directivas de todas las cofradías trabajamos todo el año, como estamos engrandeciendo la Semana Santa necesitamos subvenciones, hay que comprar cosas para las nuevas procesiones...». Ella se encarga, incluso, de la decoración de las andas de los pasos de La Piedad. Esta faceta de florista surgió en un momento en que escaseaban los medios y, ante el riesgo de salir sin flores, se ofreció voluntaria.

Igual que su madre, a Ana la hicieron cofrade de la Hermandad de la Santa Cruz de pequeña. Ella y otra niña salían con las borlas, a cada lado del estandarte. Después ya se incorporó a la banda de tambores de la Santa Cruz, cuando se creó, en 2003, coincidiendo con el cincuenta aniversario del nacimiento de la hermandad de mujeres. Esta estudiante de Bachillerato reconoce que, al final del recorrido, le duele un poco el hombro, nada importante.

Si cae en abril, lluvia

La intensa actividad previa a la Semana Santa ya ha comenzado en Viveiro y en la familia de Pura García Guerreiro. Esta mujer, que todavía conduce y que pasa algunas tardes cuidando el jardín de la casa donde nació, en San Pedro, acudirá como espectadora de las procesiones. Su hija y su nieta tendrán nuevamente un papel activo en las celebraciones, como es tradición en su familia. Su único temor radica en el tiempo. Y es que, cuentan la abuela y su hija, antiguamente se decía que si la Semana Santa cae en abril, es seguro que llueve. «Pero ahora con el cambio climático no hay que hacer caso», se consuelan.