Los 13 kilómetros que separan Cabreiros de la rotonda de Grandisca, en donde la autovía procedente de Ferrol se unirá con la que del Cantábrico, son el tramo que falta para acabar la AG-64. Los trabajos, financiados por la Xunta, tienen un presupuesto de 40 millones de euros.
De cumplirse las previsiones apuntadas en octubre del 2007, al colocarse la primera piedra de las obras, el último tramo debería estar listo en otoño de este año, pues entonces se fijó un plazo de ejecución de 24 meses.
Mientras tanto, las obras siguen su evolución, aunque ya aparecen comentarios que cuestionan el plazo señalado en el 2007. El alcalde vilalbés, Gerardo Criado, aseguró esta semana que a la obra le quedaban aún bastantes meses por delante.
Los trabajos se han visto acompañados de polémica desde antes de su inicio, ya que el Gobierno central y el autonómico discutieron por el organismo al que correspondería aportar los fondos. Durante su ejecución aparecieron también voces críticas en la parroquia vilalbesa de Santaballa, puesto que hubo vecinos que señalaron, hace varios meses, el daño causado por las obras en pistas usadas para actividades agrarias y ganaderas. En esta parroquia hay explotaciones ganaderas y se ha realizado el proceso de concentración parcelaria.