Es uno de los edificios con historia de la fachada marítima de Viveiro que nació como sala cinematográfica y ahora se centra solo en la hosteler´´ia
22 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Décadas atrás, cuando se estrenaba en Celeiro la película Orfeo negro, quizás en ese preciso instante no imaginaba el celeirense Anselmo Goás Ladra que tal nombre significaría tanto en su vida. Pero antes de llegar al negocio en Viveiro que en una etapa fue cine y hotel (actualmente solo cumple este último papel), Goás Ladra probaría suerte en campos muy diferentes. Tuvo una fábrica de conservas en Celeiro y un aserradero en Casanova que «en dos años vendió con una plusvalía del cien por cien», resalta su hijo. Ladra acertó anticipándose a posibles malas rachas. «A fábrica non ía ben e había que gañarse a vida», explica el padre reconociendo que al pasar al cine daba un giro de 360 grados. La sala de proyecciones nació en 1963, en un momento en el que el mundo del celuloide era un fenómeno social. En el 82, ocupando el espacio del anfiteatro, explica el hijo Goás Paz, se levantó el actual hotel con 32 habitaciones, cafetería y un pequeño apartamento familiar.
Para ambos el cine fue especial. Tras una reforma en 1993 para ganar en comodidad reduciendo de 460 a 390 las butacas, dejó de funcionar de forma regular en 2002. Cuando llegue septiembre fue el primer film que allí disfrutó el público y el Orfeo era uno de los cuatro cines de entonces en la ciudad. Otro título de la gran pantalla que dejó huella en su trayectoria fue Titanic: «La echamos durante casi dos semanas, cuando lo máximo para una película podían ser cuatro días». «Antes era casi obligado ir al cine. Se pasaba muy bien. Había un antes y un después», agrega el padre. El viejo cine será derribado, dentro de un acuerdo con el Concello de Viveiro y Costas, recuerdan.
Anécdotas en el cine
El cine Orfeo ha dado lugar a anécdotas simpáticas. Como la de un joven que pidió en taquilla una entrada de caballero, quizás porque eran tiempos en que en las discotecas sí había entradas diferentes según el sexo y las mujeres pagaban poco o nada, señalan. Era la década de los 60 cuando otro espectador se marchó de la sala en pleno descanso sin llegar a ver la película. Creía que la sesión había finalizado tras el pase del NODO y los tráiler.
Ahora hablamos del hotel. «Con los años cambiaron los hábitos más que la clientela. Durante los 80 y parte de los 90 había muchísimo agente comercial y de ventas. Tradicionalmente les llamábamos viajantes. Hoy en día vuelven a casa a dormir, muchos negocios son cadenas que tienen compras centralizadas, desapareció bastante comercio autónomo... Ahora el perfil es turístico y también lo que hay en cambio es más personal de instalaciones de empresa, de obras y de infraestructuras. La clientela de puentes y fines de semana subió, cuando antes venía sobre todo en Semana Santa y verano», dice Goás Paz.
Anselmo Goás Ladra tiene cuatro hijos, cinco nietos y un bisnieto. El único varón de su descendencia cree que seguir el negocio hostelero de su padre fue fruto de la «casualidad». Eligió Empresariales escapando de una carrera de letras porque, dice, en esta las opciones de futuro se reducían a la docencia. Acabados los estudios y tras «un año sabático y la mili», se incorporó a la empresa familiar en 1982. Para la astilla el palo «tiene unas cualidades que yo no tengo -dice-. Eso va con uno. Él tuvo varios negocios y cuando cambió fue porque se anticipó a la crisis y cambió a sectores que prometían, mientras que muchos otros se arruinaron. Él dio el salto para salir adelante». «No ejercí otra profesión en mi vida -sigue Goás Paz-. Me gusta el trabajo pero en la hostelería se trabaja sin festivos, sin horarios y es bastante sujeto... aunque es bonito y satisfactorio. Haces muchas cosas diferentes y tienes que estar pendiente de muchos detalles».