Santiago García Méndez, que supera ya los 15.000 bolígrafos, muestra algunas de sus joyas en Internet
16 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Hay colecciones y colecciones, eso sin duda. Y la de Santiago García Méndez, de El Franco, suma y sigue. En su caso la pasión es el bolígrafo. Además de su función básica, la de escribir, en este caso despierta además la admiración de este coleccionista asturiano, que supera ya los 15.000. Aunque hoy en día las nuevas tecnologías favorecen que se use menos el bolígrafo y más el ordenador para escribir, a él le permiten abrir su colección al mundo porque ya tiene nueva página web, donde cualquier internauta puede entrar y descubrir algunas de sus joyas. Un apartado recoge los más queridos, otro los más lejanos y otro «algo más que bolígrafos», es decir, con doble uso.
Dando un paseo por www.colecciondeboligrafos.com Santiago García Méndez ofrece una pequeña selección. De entrada, la bandera y el himno de Asturias reciben al visitante, que luego puede echar un vistazo, por ejemplo, a bolígrafos dos en uno, en forma de broca o palo de golf, que imitan la espina dorsal, un fémur, una cadera o un tren, con pelos y gafas, el «más grandote» que no podía ser otro que el de la marca Viagra, o el más pequeño.
Desde Groenlandia
También hay bolígrafos viajeros porque sus procedencias son de lo más variadas. Le llegan de todo el mundo prácticamente, hasta de Australia, Bora Bora, las Seychelles, Estados Unidos, China, Groenlandia (lo recibió esta semana), Irán etc... Afirma que en estos momentos el gusanillo lo tiene en especial por los que tengan un origen lo más distante posible en el planeta. Sólo le faltaría alguno que estuviera en el espacio. Pero no está tan lejos esta afirmación de la realidad como pudiera parecer porque hasta bolígrafos de la NASA figuran en su particular colección.
Aunque «cada bolígrafo tiene su historia», señala este asturiano, el de la agencia aeroespacial norteamericana tiene su punto de curiosidad. Se trata del bolígrafo espacial Fisher, que fue desarrollado para su uso en el espacio. Cuando los astronautas de la NASA hicieron sus primeros viajes pronto se dieron cuenta de que los bolígrafos no funcionarían con gravedad cero. Estudiaron el problema y dedicaron unos cuantos millones de dólares para desarrollar uno que escribiese en esas circunsancias, hacia arriba, hacia abajo, bajo el agua y en condiciones de temperatura extrema. El que consiguió Santiago García viene con prospecto y todo, bastante interesante.
Aunque la gran mayoría de los bolígrafos apenas tienen valor económico y apenas se les suele dar importancia, para él la tiene. Por ejemplo, dice que con uno que tenía por duplicado y que regaló a un señor de Santander este le afirmó después que había firmado el contrato de su vida con el.