«He tomado un poco de vino porque vengo de cenar churrasco»

A MARIÑA

El alcoholímetro desmiente a muchos conductores que niegan haber bebido

19 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

REDACCIÓN | «Buenas noches. Vamos a proceder a realizarle la prueba del alcohol. ¿Ha bebido usted algo?», pregunta uno de los agentes de la Guardia Civil de Tráfico que realizan el control de alcoholemia instalado, en la madrugada de ayer, en la carretera que une Oleiros y Sada, en A Coruña.

-«Churrasco, es que vengo de cenar churrasco», contesta el conductor estresado por los nervios de verse pillado a tan sólo un kilómetro de su destino, la verbena en honor a San Roque.

-«¿Pero ha bebido...?», reitera el agente.

-«Churrasco, cené un poco de churrasco... y tomé algo de vino... con gaseosa».

El conductor sopla, con un ritmo lento y continuado, y da positivo. Pero no alcanza el nivel mínimo de 0,25 miligramos de alcohol por litro de sangre a partir del que tendría que ser sancionado. El agente le advierte del riesgo de tomar una caña más y el hombre continúa rumbo a la fiesta para rebajar el alcohol moviéndose al son de la Cabritiña.

La pregunta de los agentes se repite una y otra vez en ese epicentro festivo por el que se cruzan los asistentes a las verbenas en honor a san Roque y a santa María con los que salen de cenar para continuar la noche en las villas costeras de la comarca de A Coruña.

Pero todavía es temprano. Las 12.45. La hora de los que se confían, de los que creen que «el riojita» de la cena no les va a alterar los reflejos porque lo acompañan de un chuletón. Las respuestas varían poco. Oscilan entre el no rotundo, la negación meditada tras unos segundos en fuera de juego, la confesión piadosa de «sólo un par de cervezas» o la más pícara del «un poco de vino con gaseosa». Pero el alcoholímetro no engaña y algún defensor del «nooo...», acaba confesando que en realidad acaba de tomar una caña.

Coche tuneado

A esas horas no sólo detienen a gente de mediana edad. Tres jóvenes en BMW semituneado con unas luces azules sobre la matrícula paran el motor en el control. Ni rastro de efluvios etílicos, pero la iluminación está prohibida. «Esas luces pueden distraer a otros conductores, confundirlos y provocar un accidente», explica otro agente. Mientras los guardias les piden que aparten el coche para revisarles la documentación, una mujer que espera a la cola pregunta desde la ventanilla: «¡Mire...!, ¿tengo que esperar mucho? Es que voy a recoger a mi hija».

La noche avanza. El que pasa, para. Ningún joven conductor rebasa los 0,25. Pero uno más entrado en años, un hombre de mediana edad, hace saltar el aparato y alcanza un 0,89. Las copas que había ingerido van a llevarlo directamente ante el estrado del juez. Un compañero le lleva el coche y, él, que no protesta, espera a que le hagan el atestado y vuelve a casa andando como puede.

Y no es el único que rebasa los límites. Dos cubatillas en Santa Cristina acaban traducidos en 0,73 miligramos de alcohol por litro de sangre, según indica el etilómetro de precisión que utiliza la Guardia Civil de Tráfico para confirmar la cifra que detecta el primer medidor por el que invitan a soplar a todos los conductores que detienen.

El conductor entiende el porqué de los 600 euros de multa que le ponen los agentes que, quizá, acaban de salvarle la vida. A él o a los ocupantes de otro coche con el que podría haberse cruzado. También hay quien no comprende cómo puede dar alcohol cuando sólo bebió dos vinos a mediodía. «Usted dirá que no ha tomado nada, pero la máquina dice que algo hay. Está dentro de lo permitido, pero algo de alcohol... Vaya con cuidado», le indica el agente.

-«Pero cómo pode ser eso, só bebín á comida e mire que hora é», responde el conductor.

-«Varía en función de lo que haya comido...».

-«Ahhh.... é que a verdade é que moito non comín».