Pasear sorteando cacas de can

La Voz I. E. | VIVEIRO

A MARIÑA

PEPA LOSADA

Crónica | Un problema de higiene pública Ni una sola localidad de A Mariña se libra del lamentable espectáculo que ofrecen sus parques públicos, paseos y calles plagados de deposiciones perrunas

30 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?se relajante paseo matutino o vespertino, la hora da igual, acaba convirtiéndose en una desagradable experiencia cuando uno pisa la caquita del perro. El diminutivo es un eufemismo, una manera de suavizar la desagradable impresión que produce sentir y oler el excremento pegado a la suela del zapato. Parques públicos, paseos marítimos, calles, plazas, aceras, cualquier lugar público acaba convirtiéndose en zona apta para que el perro realice sus deposiciones y todo ello, por regla general, con la benevolente complacencia del propietario que, salvo contadas y cívicas excepciones, no mueve un dedo para recoger del suelo los excrementos. Los políticos, que en muy pocas ocasiones se ponen de acuerdo, si que coinciden en que las caquitas de los perros constituyen un problema importante en sus respectivas localidades. En varios concellos mariñanos han publicado bandos, elaborado ordenanzas o realizado campañas para sensibilizar a los propietarios de canes de la necesidad de mantener limpia la vía pública y de adoptar una serie de conductas que si funcionara el civismo o el sentido común ya no sería preciso regular. Un vistazo a la hemeroteca permite recordar iniciativas impulsadas desde Burela o Foz, donde los ayuntamientos repartieron gratuitamente bolsitas para recoger las cacas y donde realizaron campañas de sensibilización: el Burela con folletos, en Foz con alguna charla e incluso con un vídeo donde el propio alcalde mostraba la manera como se debe reciclar la basura o recoger los excrementos. Ayer mismo, unos cuantos años después, manifestaban los regidores de ambas localidades que el problema seguía ahí, igual que continúa en Ribadeo, Viveiro o Mondoñedo. Hay dueños de canes que salen equipados con su bolsa para retirar la mierda, pero se trata de casos contados. Tan escasos que casi se merecen un premio al civismo, por cumplir simplemente lo que es su obligación.