En directo | La manifestación Sólo unas rocosas convicciones pueden explicar cómo los voluntarios de Adega aguantaron ayer el chaparrón de abucheos y protestas de los vecinos
23 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Por segundo día un grupo de voluntarios de Adega se conjuraron para paralizar las obras de la piscifactoría. Llegaron a Rinlo poco después de las nueve de la mañana, de lugares como Vilalba, Palas o Pastoriza. Dos horas después, frente a ellos se situaron 80 vecinos con una pancarta que aludía al progreso y al futuro de Rinlo. Los ecologistas soportaron con resignación los abucheos y reproches de los lugareños (ninguno se postuló a su favor), el más habitual de por qué no se iban a apagar incendios en lugar de venir a Rinlo a complicarles la vida. La tensión era moderada, pero se desató cuando los operarios encendieron un camión y una excavadora. Los miembros de Adega interpretaron que la obras iban a reanudarse y trataron de correr hacia las máquinas. No lo lograron, pues se interpusieron los manifestantes. La Guardia Civil trataba de apaciguar los ánimos, hubo algún roce, algún agarrón, en el momento de mayor tensión, con el diálogo ya relegado al absurdo. Vispo lamentaba no encontrar más apoyo en A Mariña e insistía: «Non temos nada contra os veciños, ao contrario, non queremos que se perda nengún emprego. Non nos opoñemos á piscifactoría, senón á súa ubicación, ¿por qué non a fan máis lonxe da costa? A lei é igual para todos». Con el compromiso de que no se iban a reanudar las obras se fueron. Pero hoy volverán. Y lo harán sabedores de que de nuevo tendrán a los vecinos enfrente.