LA TRIBUNA | O |
19 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CUAL no sería mi extrañeza, por no decir otra cosa, al leer en La Voz de Galicia del pasado día 14 unas declaraciones del alcalde de Mondoñedo en las que afirmaba que las relaciones con Treguier están afectadas por intento de uso partidista. El señor alcalde invierte los papeles y no le falta aplomo cuando declara al periodista: «Un hermanamiento debe estar por encima de cualquier política». Pues fue desde su llegada a la alcaldía cuando se detuvo el hermanamiento de Mondoñedo con Treguier, sin duda porque había sido iniciado por su antecesor, Javier Loira. Por mi parte, yo he sido el artesano de varios hermanamientos, por ejemplo, el primero entre Lannion y Viveiro, municipio entonces gobernado por mi amigo César Aja, del PP y otros con alcaldes también del PP. Otras villas hermanadas están gobernadas por alcaldes del BNG como As Pontes; por el PSOE, como Foz, Viveiro ahora, o Ribadeo (los concejales de Loctudy son de derechas), pero las etiquetas políticas nunca han sido para mí un criterio de selección de villas que pudieran hermanarse y lo demostré, aunque soy próximo al PSOE, lo que todo el mundo sabe ya en la comarca. Siempre he dicho que el color político no debía interferir en las relaciones entre hermanamientos; por eso, señor alcalde, el «personajillo externo», que pasa al menos tres meses del año en Galicia, y que desde hace 15 años trabaja en el desarrollo de las relaciones entre Bretaña y Galicia, le dice a usted que no está en condiciones de darle lecciones de tolerancia y de democracia. Por mi parte, la polémica está zanjada: que el señor alcalde ponga en práctica sus palabras y que se reactive el hermanamiento con Treguier.