En agosto y sin novedad

EVA MONTENEGRO

A MARIÑA

LA TRIBUNA | O |

04 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS ATASCOS son la primera referencia del mes de agosto. Cada año por estas fechas las entradas a Viveiro se vuelven intransitables y el tráfico por la carretera de la costa, insoportable. Desde hace tiempo, algunos amigos y yo defendemos una tesis: el turista auténtico no busca ni tranquilidad ni un cambio de aires en las vacaciones. Parte cada día 1 de agosto ansioso por reencontrarse con el bullicio y el caos que sufre a diario en su ciudad de residencia. Es agosto. Para muchos este mes sólo se diferencia de los otros once en que ve más a su familia, algo en ocasiones muy nocivo. Las estadísticas, siempre tan curiosas, indican que buena parte de las separaciones de pareja se formalizan justo al finalizar las vacaciones estivales. Y es que una convivencia tan estrecha durante tantos días seguidos no hace más que dejar en evidencia la falta de afinidades, la intolerancia y el mal olor de los pies del otro. Hay más tradiciones. Las playas están abarrotadas, haya sol o niebla. Los niños chillan, los mayores responden airados en voz muy alta, los conductores tocan el claxon sin cesar, las motos (acuáticas o terrestres) atronan al personal y la paella lleva más arroz y menos marisco que nunca. Y lo que es peor las latas de refresco, las botellas de agua y las bolsas de patatas fritas decoran arenales, aceras y jardines. Pero hay que ser optimistas y pensar en el bronceado (en algún caso más chamuscado que otra cosa), en la distancia que separa al jefe y al compañero peñazo, aunque estén perfectamente representados por una cuñada presuntuosa, una suegra posesiva y un marido soporífero. Feliz agosto a todos. Paciencia y mucho tino.