LA TRIBUNA | O |
21 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ESTAMOS EN plena precampaña electoral y llegó el carnaval o el antroido o como quieran llamarlo. ¿Será una ironía esta coincidencia? Pues que lo sea, yo me apunto al carnaval, porque la mala uva de la sátira antroideira tiene mejor sabor que la mala uva de muchos políticos. Me da igual que los desfiles se globalicen y que en plena Mariña se cuelen disfraces que podrían estar en el carnaval de Cádiz, o en el de Tenerife o en el de Brasil (esto ya menos, que nos faltan 30 grados centígrados en la columna de mercurio). Lo que importa es que el personal salga a la calle con ganas de reirse, de desinhibirse, de hacer el burro de manera sana y de cantar las cuarenta al rey de copas si hace falta. Si a uno le pide el cuerpo hacer de Harry Potter, pues se da uno el gusto; si te da la vena loca, pues vas de Aznar y si te llega el pronto agresivo te pones a suplantar a Bush, pero a lo Gila. Así se desahogan los instintos sin poner en peligro la vida de nadie, excepto la propia, por inminente pulmonía. A lo mejor el problema de los políticos es que no celebran el carnaval. Por ello propongo que don Mariano Rajoy, ZP, Llamazares y demás, se suelten la melena de buenas maneras.