LA TRIBUNA | O |
01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.UNO A MENUDO no sabe a qué carta quedarse. Eso ocurre al hablar de las carreteras. Me explico. Sabido es, porque las estadísticas lo confirman, que la inmensa mayoría de accidentes de tráfico se deben a imprudencias de los conductores, lo que implica que si al volante fuésemos prudentes, es decir, si respetásemos las normas de tráfico, la cifra de siniestros se reduciría de forma exponencial. Pero la otra cara de la moneda está en esas mismas normas, que obligan a un conductor que vaya de Barreiros a Ribadeo a no sobrepasar en todo el tramo los 80 kilómetros por hora y a circular en buena parte del trayecto a 50. Otro ejemplo, un conductor que se dirija de Xove a Viveiro sólo tendrá en todo el recorrido un espacio de 200 metros para adelantar, aunque circule detrás de un camión a 40 kilómetros por hora, porque en prácticamente todo el tramo está pintada la línea continua. A veces resulta difícil entender por qué nuestras dichosas carreteras siempre están en obras que rara vez suponen un avance. Ahora en una de las entradas de Foz, por ejemplo, se han construido dos rotondas, por si no llegase con una. No hace falta ser ingeniero para comprender que algunas cosas no están precisamente bien hechas.