LA TRIBUNA | O |
21 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN A MARIÑA no falla: con el verano llegan los turistas, el caos de tráfico y las obras de asfaltado de la carretera de la costa que ya se han convertido en una tradición local, como lo son las sardiñadas, las romerías y la movida de los fines de semana. A los que circulamos cada día por dicha arteria no nos queda otro remedio que resignarnos a hacer la cola del semáforo que regula el paso en el tramo donde trabajan los obreros. Lo habitual, si haces cuatro viajes, es que te toque pararte cada vez _a lo mejor es que yo soy gafe_ y si es así, el trayecto que te llevaba cuarenta minutos cubrir se convierte ahora en una hora de viaje, porque a mayores toca la cola para entrar en Viveiro y las vueltas para encontrar aparcamiento. A un madrileño acostumbrado a los atascos de la capital y al tráfico descomunal de sus carreteras de circunvalación esto le parecerá una minucia. Pero es que nosotros no tenemos la opción de coger el metro ni el bus, porque no existen estos servicios. Es más, reivindico para los que vivimos en la aldea que nos eximan de pagar impuestos por el coche y la gasolina; aquí tener algo en que moverte es cuestión de primera necesidad.