Los jugadores celestes mantienen la calma días antes del examen final. Se lo juegan todo a la última carta y se ven vencedores, aunque su futuro no depende sólo de ellos
14 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?l Viveiro le sobran ganas, capacidad y talento para superar la enorme presión que tendrá que soportar en el examen final del curso liguero. En juego está el ser o no ser de Tercera. Y en el vestuario, según reflejan las impresiones recogidas ayer por este diario, el optimismo prima sobre el resto de sensaciones que aparecen en situaciones tan delicadas. La mayoría de los jugadores esbozan gestos muy similares. El grito de «este partido lo vamos a ganar» es unánime, como también lo es la preocupación por depender de los resultados de otros partidos: Alondras-Xove, Portonovo-Vilalbés y Bergantiños-Arteixo. Chusky y Andrés Guerra se aferran a la necesidad del cuadro portonovés -precisa un punto para evitar hacer cálculos- y a la profesionalidad de Arteixo y Xove Lago, quienes «son mejores equipos que Bergantiños y Alondras», dice el asturiano. Para mirar a otros campos primero hay que ganar al Lalín, que no será tarea fácil. Quesada apuesta por «salir a tope desde el primer minuto y pensar que nos jugamos la vida» y su compañero Bena solicita «un último esfuerzo» para salir airoso del que considera el partido «más agónico» de la última década. «Los sentimientos se mezclan en situaciones así, espero que cada uno se responsabilice a su manera y que saque la casta, la clase y la garra que lleva dentro», añadió el delantero. Los futbolistas viveirenses no se olvidan de reclamar el calor de sus seguidores, a los que consideran «también importantes» para salvar al equipo. «Tienen que echarnos una mano», dijo Quesada. «La afición, ahora más que nunca, tiene que ser el jugador número doce», subrayó Andrés Guerra. Otros como Sindo lanzaron súplicas a la diosa Fortuna. «Esperemos que la mala suerte que hemos tenido durante la liga se compense en esta última jornada y podamos salvarnos», señaló el centrocampista vigués.