«Un lobo impón moito, porque non é un can nin tampouco un raposo»

A MARIÑA

Dos ganaderos de Mondoñedo explican su relación con el animal que ataca a sus rebaños No todos los perros tienen aguante suficiente para hacer frente a las embestidas

07 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El lobo se ve a menudo envuelto en leyendas, supersticiones y comentarios contradictorios: frente a voces ecologistas que insisten en la importancia de su conservación y del mantenimiento de su hábitat, otras inciden en los supuestos daños que causa como razón que justificaría batidas en algunas zonas. Mientras tanto, otros conviven con el lobo, que ataca unas veces y amenaza algunas más. Entre A Cruz da Cancela y Campo do Oso, una zona alta del municipio de Mondoñedo cercana a Riotorto y A Pastoriza en la que pastan varios centenares de caballos y de vacas, hay ataques periódicos. ¿Cómo es la reacción habitual de sus dueños? El lobo, de entrada, no es cualqueir cosa. «Claro que impón respecto; non é un can nin un raposo», dice Francisco García, ganadero de la parroquia mindoniense de Santa María Maior. Ver al animal por esa zona no es extraño, tal como le ocurrió recientemente a otro ganadero de la parroquia, Sergio Pérez. «Eu ía a cabalo, e vin ve-la loba con tres crías», recuerda. No hubo ataque alguna, porque la camada cambió de rumbo. Aunque los ataques ocurren periódicamente, Sergio Pérez explica que no todos los perros, entre los que abundan los cruces, hacen frente con garantías. Un potro puede venderse a unos 150 euros, y un ternero, al doble. Ahí hay, pues, una razón económica, aunque no todo se reduce a dinero. El ganado está en el monte, dice Francisco García, «porque ten que estar alí». Sergio García lo ve parecido. «Ós meus anos non vou ir gañar un xornal». Y añade: «A vida que fago gústame».