Pablo Fernández navega en un mar proceloso. Esgrime hechos frente a quienes critican su labor al frente de la delegación que la Consellería de Pesca tiene en Celeiro. «No sé si lo hago bien o mal. Trato de ser equitativo, recibo a todo el mundo y trato a todos por igual. Non sé si es mérito o no, pero parece que soy el primer delegado que aquí ha renovado una segunda legislatura». Se mueve entre dos colosos del sector pesquero español, las sociedades de armadores que rigen las lonjas de Burela y Celeiro, cuya facturación conjunta suma más de 93,5 millones de eurss. «Me llevo estupendamente bien con todos, quizás porque no soy de ninguno de los dos lados. Transmito todas sus propuestas y se les está ayudando por igual». El delegado de Pesca no elude hablar de su pueblo natal, Foz, donde la lonja está paralizada y donde quedan seis cerqueros y cinco lanchas. «Lo triste es que se llegase ahí, y no es cuestión de echar balones fuera. Foz fue en los 50 el puerto de Burela y ahora ocurre a la inversa. Quizás había que haber pensado en la década de los 70 en construir uno. Como focense que ama a su pueblo y quiere lo mejor para él, me duele lo que ha ocurrido. La solución no es fácil, con dos grandes puertos como Burela y Celeiro cerca. Igual habría que enfocarlo hacia un puerto deportivo, pero en condiciones, con una oferta importante de plazas de atraque, tiendas, varaderos, mini-hoteles... Más cuando es un pueblo orientado hacia el turismo».