Un día en la vida de un interno

Y. GARCÍA / I.E. BURELA / FOZ

A MARIÑA

Y. GARCÍA

La residencia de Burela involucra a los mayores en tareas domésticas para «sentirse útiles» Hace quince días, la residencia de la Tercera Edad de Burela puso en marcha una terapia ocupacional con el fin de convertir el centro en un «centro vivo» y hacerles ver a los residentes que «son útiles» en el día a día, según explican el director, José Luis Galán, y la asistenta social, Charo del Campo. El propósito es que se sientan como en su «casa» y formando parte de una «gran familia». Así de beneficioso lo ve los mayores, mientras pelan zanahorias o patatas para la comida del día, enrollan las vendas o separan legumbres.

20 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Ligar Tercera Edad a inactividad es, en muchos casos, equívoco. Este grupo colabora con verdadero afán en tareas de la residencia. Lo hacen tres días a la semana. «Levo toda a vida traballando», subraya Josefa. «A min tocoume no campo, moi duro», le sigue Remedios. Aunque desde la otra esquina una residente opta por hacer un descanso porque «se me ha cansado el brazo ya», los demás siguen a lo suyo: enrollar vendas, separar legumbres y pasta (habas, lentejas, garbanzos y espirales) o pelar zanahorias para la comida. «Se tienen que sentir útiles -dice Charo del Campo al hablar de los beneficios terapéuticos- e, ademáis, favorécelles para as articulacións e a memoria, sen olvidar o fundamental: a relación entre eles. Así non pensan tanto en cousas como a idade». «A mí lo que me gusta es que ellos ven que también los necesitamos», agrega una colaboradora. Las tareas no son nada complicadas. «É fácil», dice José María, que recuerda sus viñas de Amandi en Monforte -«O mellor viño», dice-. Parecido opina Valentina Fernández (81 años, toledana de nacimiento) en quien han dejado huella los años que, junto a su marido pontevedrés y sus hijos, pasó en Túnez: «Había un protectorado francés y se hablaba el francés». «Nunca aprendí el moro», añade, demostrando su dominio del idioma galo. En otro rincón, Carmen, una coruñesa muy jovial y de memoria excelente, es de la más mayores del centro: «Eso dicen pero me acaban de decir que represento 70. `Ay señora, se equivoca'' dije yo». «Esto nos hace muy bien», comenta sobre las tareas. Según la asistente social Charo del Campo, otros grupos van a colaborar o ya lo hacen en la acogida de nuevos residentes, acompañando a otros al médico o visitando a los ingresados en el hospital.