ANA F. CUBA LA ENTREVISTA Fina Rouco Otero, joven empresaria de Xove que inició su andadura con una pequeña peluquería La mayor satisfacción de Fina Rouco Otero radica en atender bien a sus clientes. La calidad del servicio es, sin duda, una de las claves del éxito de esta mujer, que inició su andadura empresarial a los 20 años, montando una pequeña peluquería en un piso. Dieciséis años después, ella y su marido son responsables de dos peluquerías, una funeraria, una floristería y la delegación de una compañía de seguros. «Todo vino rodado», dice Fina. El trabajo, el sacrificio y la ilusión sostienen este proyecto.
09 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Fina Rouco Otero elude cualquier protagonismo. Es suficiente con el reconocimiento de los clientes. Esta mujer de 36 años es peluquera por vocación y empresaria porque así lo ha ido marcando la vida. Su trayectoria profesional comenzó a los 20 años. El esfuerzo desplegado y el sacrificio que ha supuesto esta aventura no le impedirían repetir el camino, con idéntico entusiasmo. «Si volviera a empezar no cambiaría nada», asegura. El apoyo de familiares y amigos representa otro de los pilares de esta sorprendente carrera en el siempre arriesgado y muy competitivo mundo de los negocios. -¿Qué trajo consigo aquella pequeña peluquería...? -Empecé cuando estaba soltera. Y el origen fue ése. Con 20 años me di cuenta de que quería tener mi propia peluquería. Eso nace con una. Y tuve el apoyo del entorno, los amigos y la familia. Fue pasando el tiempo y me casé. Entonces surgió la idea de la funeraria... y ¡adelante! Con ella va la floristería. Después nos dimos cuenta de que necesitábamos algo para apoyar la funeraria, una compañía de seguros, y conseguimos la delegación de Maphre en Xove. Hace un año y pico una señora de aquí se jubiló y me ofreció su peluquería. Y acepté. -¿Cómo logra compaginar tanto trabajo con su vida privada, sus dos hijos...? -Tengo gente conmigo, dos empleadas a jornada completa y dos partida, y una comercial para los seguros. Yo soy el comodín de todo. Ayudo en la peluquería cuando hace falte. -Es un poco el alma que hace que todo funcione. -Bueno, compartimos todo y nos ayudamos todos. Porque vamos en el mismo barco y luchamos juntos. Es lo que yo digo cada vez que nos reunimos: «Si yo gano, ganamos todos. Si no, perdemos todos porque si a fin de año no va bien, nadie puede seguir, ni la empresa ni los trabajadores». -Pero el riesgo tuvo que ser grande, al menos al principio, cuando comenzó. -Arriesgué mucho, no tanto como lo que estamos arriesgando hoy, metidos en una inversión bastante grande. Cuando empecé sólo pedía sacar dinero suficiente para pagar las deudas y mantener los gastos. No pedía ganancias. Me preguntaba «¿tendré gente?». -Y la gente respondió. -Pero es difícil empezar cuando eres tan joven, en un pueblo tan pequeño. Y con competencia... -¿Volvería a vivirlo? -Con 20 años volvería a hacerlo todo igual. La vida fue discurriendo y fui cogiendo lo que iba surgiendo. Con ilusión todo se consigue. Y con mucho trabajo y mucho sacrificio.