De la croqueta de Burt Lancasster al melocotón de Chalamet, los amores de verano en el cine
AL SOL
Los idilios vacacionales son un recurso habitual en la gran pantalla, aquí algunos de los mejores ejemplos
25 ago 2022 . Actualizado a las 15:00 h.Los amores de verano son una mina de oro para el cine. Nada más resultón en pantalla que dos almas prendadas bajo el sol de agosto. La mayoría son visto y no visto. Tan intensos como fugaces. Nacen y mueren con la época de la sombrilla y el bañador. Cuando llega el calor los chicos se enamoran, decía una canción. Los ejemplos en el séptimo arte son tantos que cualquier lista recopilatoria es un ejercicio de arbitrariedad. Pero nadie es perfecto.
«De aquí a la eternidad» (1953). Piedra angular del Hollywood de los cincuenta. Lo tiene todo, guerra, romance, Frank Sinatra... lo más veraniego es Lancaster haciendo la croqueta con Deborah Kerr en la orilla del mar. Imborrable.
«La colina del adiós» (1955) Otro clásico. Este filme de Henry King tiene una de las mejores escenas de amor playero que se pueden encontrar. William Holden en la cresta de la ola junto a una Jennifer Jones que nunca estuvo más guapa. Un clásico a reivindicar que muchos han maltratado sin motivo.
«El graduado» (1967). Dustin Hoffman se confirmó como uno de los mejores actores de su generación en esta sensacional cinta sesentera. Un joven que se deja seducir por una talluda y hermosa Anne Bancroft mientras suena Simon & Garfunkel. Mucho más profunda de lo que parece.
«El mensajero» (1971). Desgarrador amorío victoriano entre corsés y tacitas. Uno de esos triángulos amorosos de verano en la campiña inglesa. Julie Christie, Alan Bates y Edward Fox bajo la batuta del excepcional artesano Joseph Losey. Si no saca lagrimita, o al menos suspiro, el problema es del que mira. Triste, triste verano.
«Belle Époque» (1992). Esta es, además, orgullo patrio. Ganó el Oscar a mejor película extranjera. Fernando Trueba demostró un conocimiento profundo de la condición humana. Amor y pasiones estivales en época de verbena. Todo muy (y mucho) español. Ah, y Gabino Diego carlista.
«Las normas de la casa de la sidra» (1999). Antes de ser el hombre-araña, Tobey Maguire tuvo un tórrido romance prohibido con Charlize Theron en una de las películas más conmovedoras que existen. Roba el show un tierno secundario llamado Michael Caine, que se llevó con este papel su segundo y último Oscar.
«Un buen año» (2006). De cuando Ridley Scott cogió a Gladiator y se lo llevó al solecito de Provenza. Una de esas historias del hombre gris que se reencuentra a sí mismo a través del amor y de los recuerdos felices de su infancia. Acompaña Marion Cotillard y hasta sale un poco el gran Albert Finney. No reinventó nada, pero es una película amable.