Según fuentes policiales, los empleados de la UNAMA fallecidos son cuatro nepalíes que se encargaban de la seguridad, así como un rumano, un noruego y un sueco, mientras que el jefe de la misión resultó herido, pero sobrevivió.
01 abr 2011 . Actualizado a las 21:38 h.Siete empleados de la ONU y cuatro civiles murieron hoy durante el asalto de una turba sobre la sede del organismo en la ciudad afgana de Mazar-i-Sharif, en protesta contra la quema de un ejemplar del Corán, el pasado 20 de marzo, en una iglesia estadounidense.
Tras la oración del viernes, varios miles de personas se concentraron frente a la sede que la misión de la ONU en el país (UNAMA) tiene en la ciudad, la más importante del norte afgano, y tras lanzar proclamas comenzaron a apedrear las instalaciones.
Algunos de los manifestantes terminaron por arrebatar las armas a los guardas de seguridad del recinto, comenzaron a disparar y, tras irrumpir en el edificio, prendieron fuego a las instalaciones, señaló a Efe un portavoz policial, Lal Mohamad Ahmadzai.
El canal televisivo Tolo emitió un vídeo de los hechos, en el que puede apreciarse cómo los manifestantes agitan vallas protectoras y derriban una torreta antes de prender fuego al lugar y contemplarlo a distancia, mientras unos pocos policías miran y disparan al aire.
«Confirmamos que hay miembros del personal de la UNAMA entre los muertos. La situación todavía es confusa», afirmó en un comunicado un portavoz de la organización en el país, Dan McNorton.
El jefe de la misión de la ONU en Afganistán, Staffan de Mistura, está ya de camino a Mazar-i-Sharif para informarse personalmente de los hechos y «afrontar la situación sobre el terreno», agregó el portavoz.
De inicio, fuentes oficiales afirmaron que los muertos de la UNAMA eran ocho, pero más tarde el portavoz afgano de Interior, Zemaray Bashari, dijo que en realidad murieron siete empleados y cuatro manifestantes, y que 24 civiles más sufrieron heridas.
Según distintas fuentes policiales, los empleados de la UNAMA fallecidos son cuatro nepalíes que se encargaban de la seguridad, así como un rumano, un noruego y un sueco, mientras que el jefe de la misión en la ciudad resultó herido, pero sobrevivió.
Entre los empleados fallecidos hay una mujer, de acuerdo con funcionarios locales citados por el canal Tolo.
Las fuerzas de seguridad afganas se han hecho con el control de la zona y han abierto una investigación sobre los hechos que se ha saldado con la detención de al menos cuatro manifestantes.
«Sabemos que en al menos dos casos, los manifestantes golpearon con martillos los cuellos de los trabajadores para intentar decapitarlos», mantuvo el jefe policial de Mazar-i-Sharif, Sher Mohammad Durani.
El pasado 20 de marzo, el pastor protestante Wayne Sapp quemó un ejemplar del Corán en una iglesia de Florida (EEUU) en presencia de otro pastor, Terry Jones, que había anunciado el año pasado que haría lo propio con motivo del aniversario del 11-S.
La acción de Sapp ha desencadenado una ola de condenas entre las autoridades del mundo islámico, entre ellas la del presidente afgano, Hamid Karzai, quien calificó lo sucedido como un «crimen contra una religión» y pidió un castigo judicial contra Sapp.
Los analistas consideraban que la quema del Corán podía desencadenar protestas en Afganistán, un país en guerra y de sociedad muy conservadora, y el día elegido fue hoy, jornada del rezo, con distintas ciudades tomadas por miles de personas.
Hubo manifestaciones en Nimroz (suroeste) y la tranquila Bamiyán (centro), pero la más numerosa tuvo lugar en la ciudad occidental de Herat, donde miles de personas se echaron a las calles y gritaron proclamas contra Estados Unidos antes de dispersarse pacíficamente.
Mazar-i-Sharif está en una zona donde existe una amplia presencia de la minoría uzbeca y lejos del sur y el este, los bastiones tradicionales de los talibanes, quienes ya han atacado en el pasado a funcionarios y sedes de distintas organizaciones internacionales.