Saber que los marineros siguen vivos infunde ánimos a los familiares
15 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Dolores no pasea por Muros su preocupación. Desde que en diciembre pasado tuvo noticias de que el barco en el que iba su marido estaba desaparecido en el Índico, pasa recluida en casa mucho más tiempo del que ya solía hacerlo.
Cuando televisiones, radios y medios de comunicación invadieron los aledaños de su vivienda en busca de datos sobre su marido, Alfonso Rey Echeverri, huyó despavorida rumbo a Vigo, donde la casa armadora la alojó en un hotel y la puso a salvo de flashes y cámaras, para eludir el reality que quería evitar a toda costa. Pero la intervención de la Marina india amenaza con frustrar esa tranquila inquietud en la que estaba sumida.
Dolores ha hablado con su marido al menos una vez después del secuestro, según comentaron allegados a la familia. Fue a principios de este mes. La avisaron de la compañía de que la iba a llamar Alfonso. Y así fue.
Fue una comunicación corta, pero suficiente para que el patrón de pesca del Vega 5 pudiese darle algunos detalles, como que se encontraba bien de salud, que no le faltaba de comer, que sus captores los trataban bien y que estaban pendientes de cómo iban las negociaciones para su rescate.
Todo muy tranquilizador. Tanto, que ni Dolores ni su familia se lo acaban de creer. Sospechan que Alfonso dijo lo que dijo, todas palabras de sosiego, para no sobresaltar a sus seres queridos y, sobre todo, a su esposa, ya delicada de salud antes del sobresalto que les llegó desde el Índico.
Ánimos
Saber que Alfonso está vivo les infunde, lógicamente, ánimos. Pero no consigue rebajar ni un ápice el grado de preocupación el hecho de que siga cautivo, en tierra y en manos de unos piratas de los que se desconoce su reacción ahora que han perdido a la mayor parte de la tripulación y al palangrero. Esperan nuevas llamadas.