La diplomacia alemana se ve sacudida por la sombra de su pasado nazi

Rodrigo Zuleta

INTERNACIONAL

Un estudio ha puesto fin a la leyenda según la cual el Ministerio de Exteriores fue durante el III Reich una especie de oposición silenciosa al régimen.

28 oct 2010 . Actualizado a las 18:58 h.

La diplomacia alemana tendrá que confrontarse ahora con la sombra de su pasado nazi, que ha sido sacada a la luz por un equipo de historiadores dirigido por Eckart Conze, que fue entregado hoy al ministro federal de Exteriores, Guido Westerwelle.

El estudio, titulado «Das Amt und die Vergangenheit» (El Ministerio y el pasado), pone fin a una leyenda según la cual el Ministerio de Exteriores fue durante el III Reich una especie de centro de oposición silenciosa al nacionalsocialismo.

Conze llama abiertamente al Ministerio de Exteriores de la época nazi una «organización criminal» -la misma denominación que se le dio a las SS en los juicios de Nuremberg. Sostiene que después de 1945 no se escatimaron los esfuerzos por ocultar ese pasado y que incluso se llegó a prestar ayuda a criminales de guerra nazis.

El estudio dirigido por Conze es el resultado del trabajo de una comisión que creo en 2005 el entonces ministro de Exteriores Joschka Fischer (del partido verde) en medio de una polémica sobre necrológicas de funcionarios diplomáticos con pasado nazi aparecidos en las publicaciones del ministerio.

La polémica se inició por una carta enviada por una mujer de 92 años, Marga Henseler, quien, en 2003, le escribió a Fischer quejándose de una necrología elogiosa sobre el diplomático Franz Nüsslein, aparecida en la revista del ministerio.

Nüsslein había sido fiscal en la Checoslovaquia ocupada y había sido responsable de miles de sentencias de muerte contra presuntos miembros de la resistencia. Entre 1962 y 1974 fue Cónsul General en Barcelona.

Tras investigar el caso, Fischer prohibió toda publicación de necrológicas en las gacetillas del ministerio sobre diplomáticos con pasado nazi, seguidamente encargó el estudio que tenía como misión aclarar hasta dónde la diplomacia se había identificado con los crímenes y los objetivos del nacionalsocialismo.

El resultado, que incluye facturas de viajes cuyo objetivo era participar en la planificación de la liquidación de los judíos de Belgrado -que muestran que hasta el último contable del ministerio estaba al tanto de adonde llegaba la política antisemita-, ha sido muy reveladoras.

Aunque es posible que eso no sorprenda a muchos, se trata de algo que rompe con una visión que se cultivó durante muchos años y que pretendía mostrar a los diplomáticos alemanes durante el nazismo como funcionarios profesionales que habían procurado seguir realizando su trabajo de la mejor manera posible en condiciones difíciles.

Esa leyenda facilitó cierta continuidad en el ministerio tras la fundación de la República Federal de Alemania en 1949. A los diplomáticos demasiado comprometidos con el nazismo, según el estudio, se les enviaba al mundo árabe o a Latinoamérica, donde había menos peligro de que hubiese protestas.

De hecho, para garantizar su funcionamiento, la nueva república no tenía otro remedio que echar mano de la vieja elite de funcionarios.

El primer canciller de la época, Konrad Adenauer, acuñó al respecto una célebre frase según la cual no se puede ser tan tonto de tirar toda el agua sucia si no se tiene a mano agua limpia.

Salvo casos en que el pasado nazi era demasiado claro y demasiado comprometedor como para poder ocultarlo o minimizarlo, se continuó trabajando con aquellos que habían formando parte de la maquinaria del nacionalsocialismo como burócratas.

Con el tiempo, algunos terminaron siendo confrontados con su pasado nazi, pero se insistió siempre en la presunta pureza que habían mantenido ciertas instituciones como el ministerio de Exteriores.

La presunta pureza del ejército quedó desmontada a más tardar a finales de los años noventa, con una exposición sobre los crímenes de las Fuerzas Armadas durante la II Guerra Mundial, que dio la vuelta al país y que suscitó duros debates.

Ahora, se revienta la idea de la honestidad de la diplomacia y el estudio también se lleva por delante a algunos iconos de una presunta resistencia interna, como es el caso de Ernst von Weizsäcker, padre del posterior presidente federal alemán Richard von Weizsäcker.

Von Weizsäcker habría sido, por ejemplo, uno de los incitadores, como diplomático en Berna, a que se expatriase al Premio Nobel de Literatura Thomas Mann.

Algo revelador del estudio es que ministros de Exteriores posteriores, como Willy Brandt, que había sido miembro de la resistencia y nada tuvo que ver con el nazismo, fueron extremadamente benevolentes con funcionarios de pasado oscuro.