Las reacciones a la filtración vinieron ayer del Pentágono, de Hillary Clinton y del general McChrystal. No hubo ni una sola palabra de Barack Obama.
«Deploramos que Wikileaks induzca a las personas a violar la ley para que roben documentos clasificados y luego compartan generosamente estos con el mundo, incluidos nuestros enemigos», afirmó el Pentágono en un comunicado. Aunque quita importancia a las revelaciones, insiste en que ponen en peligro la vida de los soldados. En ese sentido, Hillary Clinton declaró que su Gobierno perseguirá cualquier filtración que «amenace nuestra seguridad o la de nuestros aliados». El general Stanley McChrystal, responsable de operaciones especiales en Irak en el tiempo que abarcan los documentos, dijo sentirse muy triste por la publicación de los informes y reiteró la amenaza que supone para los soldados.