El objetivo del Gobierno es reubicar a cerca de cinco millones de trabajadores en otros sectores
24 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Cada día, Ney Ascón atiende en su casa a unos diez clientes con electrodomésticos rotos. Muy cerca, tres técnicos, una recepcionista, un administrador y un mozo de limpieza, hacen menos en un taller estatal, en puestos que forman parte del millón de empleos sobrantes que el Gobierno cubano pretende eliminar.
«En el verano atiendo a unos 10 clientes diarios, casi todos con ventiladores, que arreglo con piezas que recupero de aparatos viejos o compro. El Estado no me suministra nada», explica este hombre de 42 años, que paga una licencia de trabajo por cuenta propia.
En el «consolidado», como llaman al taller estatal de reparación, la recepcionista mira la olla a presión eléctrica china e informa a un cliente: «Ahora no tenemos piezas de repuesto, debe de venir cuando esté el técnico que atiende ese tipo de olla y no vino hoy».
La ineficiencia está en la mira de Raúl Castro. El exceso de personal es un mal con el que se propone acabar reubicando a un millón, de 4,9 millones.
Más de cuatro millones de esos trabajos son estatales en una economía controlada en un 95% por el Estado.
En ese globo «casi todo el aire lo ha puesto la política paternalista», dice el ensayista Guillermo Rodríguez, que sugiere para ocupar a quienes sobran en el Estado la apertura de pequeñas y medianas industrias, y negocios familiares, abolidos en 1968. En un país con el 50% de tierras improductivas y altamente dependiente de la importación de agroalimentos, hay una «falta crónica de constructores, obreros agrícolas e industriales», advirtió recientemente Raúl Castro.
En el comercio sobran 79.000 empleados, según datos oficiales. En una cafetería estatal de La Habana Vieja, seis camareros despachan la escasa oferta, una empleada cobra y el administrador hace cuentas, controlando que los empleados no roben. Un ejemplo.
Según el semanario Trabajadores , en Sancti Spiritus llegó a haber más vigilantes para cuidar las obras que albañiles. «En la sede del Ministerio de Cultura trabajan unos 400 empleados; con la mitad se puede hacer esa labor», reconoce uno de ellos.