De nuevo la oposición se juega más que Il Cavaliere

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

28 mar 2010 . Actualizado a las 03:00 h.

El viernes, último día hábil de campaña, el no menos hábil Berlusconi volvió a hacerse ubicuo. A lo largo de la jornada, y a veces de forma simultánea, aparecía dando entrevistas (algunas de hasta una hora) en todos los informativos de casi todas las cadenas. Ahí presentó los comicios como un torneo del «conmigo o contra mí», lo que se ha interpretado como nerviosismo. Pero también podría ser confianza.

De hecho, los resultados no van a ser fáciles de interpretar. Una guía rápida sería esta: el centroizquierda perderá varias de las regiones que ahora gobierna, pero eso en sí no supone su derrota, puesto que el mapa ha cambiado en cinco años. Para que puedan decir que han ganado, en cambio, los «democratici» tendrán que conservar al menos ocho regiones.

Cinco deberían ser seguras (las tradicionales regiones «rojas» de Toscana, Umbria, Emilia, Basilicata y Las Marcas). Si entre las otras tres están Piamonte y Lazio, el nuevo líder del centro-izquierda, Pierluigi Bersani, habrá empezado a reunir una base electoral. Nada más. Si pierde ahí, tendrá problemas; y si pierde alguna más, es un cadáver político.

Como se ve, no es Berlusconi quien se la juega, en realidad. A él le bastaría hacerse con Piamonte y Lazio. De hecho, su mayor problema no es el centroizquierda, sino sus aliados de la Liga Norte, que también acechan el Piamonte. Esa victoria de sus amigos haría más daño a Berlusconi, paradójicamente, que un triunfo de la oposición, porque su coalición se volvería más difícil de manejar, sobre todo porque Roberto Cota, el candidato «liguista» en Piamonte, tiene ambiciones de reemplazar al histórico Umberto Bossi. Si Piamonte se queda para el centroizquierda, por el contrario, se apagaría la estrella de Cota y Berlusconi saldrá reforzado. Y si además Berlusconi ganase en Liguria, podrá deshacerse de su otro aliado, el posfascista Fini, incómodo para Il Cavaliere no por su radicalismo sino por su moderación. De ocurrir así, Berlusconi habrá añadido al don de la ubicuidad el de la resurrección política.