Seis ministros de Brown dudaron durante horas entre ofrecerle su apoyo o unirse a los rebeldes
INTERNACIONAL
El primer ministro británico, Gordon Brown, estaba en su derecho de calificar el último intento de golpe de timón en el seno del Partido Laborista con el objetivo de alejarlo de Downing Street, como «una tormenta en una taza de té». La realidad de lo sucedido en la tarde del miércoles y que comenzó a trascender ayer es que, efectivamente, se trataba de una tormenta, quizás mal orquestada, pero con todos los síntomas de haber podido barrer su debilitado liderazgo. Si bien ayer todos los parlamentarios cerraban filas alrededor de Brown, quedan muchas dudas sobre lo que sucedió en las bambalinas políticas durante las horas que siguieron a la publicación de las cartas de los ex ministros Geoff Hoon y Patricia Hewitt en las que pedían una votación secreta sobre el liderazgo de Brown.
En especial todas las miradas se dirigían hacia el ministro de Exteriores, David Miliband, quien, si bien ayer por la mañana mostraba su apoyo inequívoco al premier diciendo que estaban «todos decididos a ganar bajo la dirección de Gordon», muchos se preguntaban por qué entonces estuvo «perdido», al guardar silencio durante las siete horas siguientes a publicarse las cartas conspiratorias.
El candidato a sucesor
Miliband es el hombre con más papeletas a ocupar el cargo de Brown si este cesara o fuera obligado a abandonar Downing Street. Ayer, un parlamentario laborista opuesto a Brown, reprochó a Miliband el haber perdido otra oportunidad para terminar con Brown, «sencillamente porque esperó demasiado tiempo para ver hacia qué dirección soplaba el viento».
La intentona de golpe de mano de Hoon y Hewitt fue apoyada públicamente solo por un puñado de diputados sin cargos. Sin embargo, el espectáculo prolongado de los ministros del gabinete que no se atrevían a ofrecer sus opiniones, a pesar de que pasaban las horas y que cuando lo hicieron fue con un tibio respaldo al liderazgo de Brown, plantea interrogantes sobre el apoyo real con el que contaba el complot del día de Reyes.
De hecho, Miliband es uno de los seis ministros del gabinete que se encuentran en stand by , para actuar contra Brown en cuanto se obtenga el respaldo suficiente por parte de los parlamentarios. Los otros son la viceprimera ministra, Harriet Harman; el ministro de Justicia, Jack Straw; de Desarrollo Internacional, Douglas Alexander; de Defensa, Bob Ainsworth, y para Escocia, Jim Murphy. Esta puede ser la última oportunidad con la que han contado los laboristas opuestos a Brown para poder deshacerse de él antes de las elecciones generales de esta primavera.
El líder conservador, David Cameron, aprovechó las divisiones laboristas para arrojar sal en la herida de Brown, al indicar que este pasaba por «graves problemas», al tiempo que volvió a pedir unas elecciones generales inmediatas.